El Presidente Castillo viene siendo investigado por 6 casos de distinta índole en lo que va del año generando una polarización entre los peruanos, están quienes apoyan las investigaciones con el fin de aclarar sus severos cuestionamientos ligados a actos de corrupción, y también están quienes aún creen que se trata de una persecución política basada en una combinación de racismo e influencias de opositores en sistema judicial.

Pedro Castillo es un presidente que por un lado afirma ser inocente de las acusaciones en su contra y que por otro lado mueve sus influencias y presente recursos para evitar ser investigado. Parece no inmutarse por la interferencia de su familia y demás actores en la toma de decisiones y obras públicas mientras promueve un discurso de confrontación desde el Ejecutivo al Legislativo, la prensa y demás instituciones.

El movimiento político que llevó a Castillo al poder siempre mostró una notable tendencia socialista que atenta contra diversas libertades, el estado de derecho y el libre mercado. Para suerte de Castillo, los partidos de izquierda en el Congreso y sus “niños” son suficientes para garantizarle la continuidad en el cargo.

Según los defensores del gobierno, el control político del Congreso es puro golpismo, ignoran que la misma constitución política permite estos mecanismos que afectan solo a funcionarios con serias acusaciones de corrupción. Se ha hecho excesiva mención a al “pueblo” que en la práctica solo refiere al pueblo que apoya al gobierno. Castillo no se ha enterado que tres cuartas partes del país lo desaprueban y solo atina azuzar a la población y a victimizarse por su calidad de persona rural.

En lo que va del gobierno se han nombrado más de 50 ministros, algunos renunciaron, otros fueron removidos incluso por WhatsApp y solo un par de ellos fue censurado por Congreso. Parte del discurso del gobierno consiste en “convocar” a todas las fuerzas políticas, pero en la práctica evidenciamos el reciclaje de ministros y nombramientos altamente cuestionables. Podemos afirmar que al gobierno le importa poco o nada la meritocracia, el estado de derecho y el libre mercado.

Castillo no tiene problemas para dar vergüenza a nivel internacional, siendo irónicamente un profesor de escuela. La falta de coherencia y desconocimiento reflejado en sus discursos no le ha impedido conseguir una maestría con plagios según su propia casa de estudios. Es evidente que Pedro Castillo no solo es un mal profesor, sino que tampoco le molesta serlo porque ya ha logrado vender su discurso de pobre campesino víctima del centralismo y el racismo limeño.

Un punto más a tener en cuenta son los sospechosos cambios en la policía y fuerzas armadas que curiosamente no tienen la mejor performance cuando se trata de allanar inmuebles de los prófugos de la justicia. El caso más reciente fue la extraña desaparición de su “hija-cuñada” que luego de un día de desaparecida se apersonó a la Fiscalía.

En resumen, podemos decir que el gobierno de Pedro Castillo se está meciendo en el umbral de su incapacidad para gobernar, pero que lastimosamente su retiro del cargo es un panorama lejano pues ello implicaría que su principal verdugo, el Congreso, también tenga que irse a casa.

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