Uno de los grandes retos que tenemos los peruanos es construir una nueva dinámica de interacción y convivencia social, de recuperar la calle, el barrio, el centro de trabajo, el colegio, la universidad, el turismo y la noche. El reto es salir del modo COVID en el cual nos hemos visto envueltos, debido a la pandemia que aún tiene en jaque a parte del planeta; porque si seguimos auto secuestrados en nuestras viviendas, huyendo del resto del mundo para no contagiarnos y aislarnos, terminaremos con una dolencia peor: una salud mental quebrada por falta de socialización y falta de uso de nuestra libertad.
Hace bien el gobierno de transición en acelerar el proceso de vacunación al máximo. En exigir a nuestros profesionales de la salud –bastante cansados, por cierto– un sacrificio final para alcanzar la meta, innovando en logística e invirtiendo en brigadas especializadas y mixtas para vacunar, vacunar y vacunar.
Hace bien el candidato Castillo, quien seguro será proclamado en los próximos días como presidente electo por el JNE, en evaluar la posibilidad de mantener al actual equipo de Salud hasta fin de año, para darle continuidad al proceso de compra de vacunas y vacunación acelerada. Si, finalmente, decide poner a otro al mando de la cartera, debiera mantener a ese equipo base, para que el costo de aprendizaje de los nuevos no tenga consecuencias sobre los peruanos aún no vacunados.
Hace bien el presidente Sagasti en convocar a ganadores y perdedores a reunirse en el Acuerdo Nacional y redefinir las prioridades de nuestra Agenda País, así como también lo hace el probable presidente del Legislativo, Jorge Montoya, quien moderando su discurso radical ahora pide coordinar y concertar puntos en común por el bien del país; porque negar los procesos sociales y políticos no evita que ocurran. Negarlos o evadir la realidad no desaparecen los hechos. Imaginarlos tampoco los hacen realidad.

 

La historia y el tiempo siguen su curso. Es de tontos e irracionales no leer lo que sucede alrededor. El mundo (la gente) necesita recuperar movilidad, conversación, gastronomía y encuentros a gritos. Necesitamos recuperar el modo NO COVID. ¿Acaso los retardatarios radicales del mundo pretenden volver a encerrarnos? Eso no será posible. Un fantasma recorre las calles del mundo: el fantasma de la libertad. Ninguna muerte podrá callar su voz, que siempre luchará por hacernos sentir más vivos que nunca.

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