Resulta interesante constatar que el encuentro – debate del sábado en Chota, entre los candidatos presidenciales que disputan la segunda vuelta electoral, haya sido el resultado de una negociación que ocurrió al margen del sistema formal. No podía ser de otro modo. Ambos representan el sentimiento de rechazo al modelo tradicional de representación que nos gobernó los últimos 20 años.

El debate se concretó a pesar de la incapacidad reconocida por el Jurado Nacional de Elecciones de organizarlo, e incluso de la Asociación Civil Transparencia, que demostraron no comprender cómo funciona hoy la nueva informalidad política en el Perú. Informalidad que se expresa en el proceso electoral, pero se expresará también en las políticas públicas, cuando uno de ellos asuma la conducción del gobierno.

Lo cierto es que, a diferencia de muchos analistas, que vieron “prepotencia limeña” en la reiteración de Fujimori por haber tenido que ir hasta Chota para que Castillo le dé la cara y admita un intercambio de ideas, nosotros vemos una riesgosa pero inteligente maniobra por jaquear el machismo popular que el candidato de Perú Libre aprovechaba a su favor. Fujimori demostró que una mujer no teme ir a cancha rival, con tribuna en contra, y decir lo que tenía que decir al pie del cañón. Podemos estar de acuerdo o no con sus propuestas, creerle o no, pero la osadía que tuvo Fujimori este sábado fue oportuna y necesaria, porque sabe que le queda poco tiempo para acortar la distancia entre ambos.

La otra estrategia que parece funcionar para Fujimori es radicalizar su discurso político contra el modelo formal. Por eso fue importante que ese primer grito de crítica al sistema lo hiciera en la informalidad y desde el interior del país, y mucho mejor aún desde la casa misma de su contrincante. Profundizar la implementación de los programas sociales y comenzar a pasar la línea del rol subsidiario del Estado hacia la Economía, para comenzar a instalar la idea de un Estado solidario con la Población es de una audacia interesante, porque los tiempos lo requieren, ocurre como tendencia mundial, y la expone como una neo reformista de la Constitución del 93. Ese 86% de peruanos que pide ajustes al modelo económico debe haber visto con mejores ojos lo expuesto por Fujimori el fin de semana.

Castillo, por su parte, sabe que el sistema oficial la prefiere a ella. Aprovechó bien la exposición mediática para golpeara su contrincante, pero creemos que no supo articular muy bien sus propuestas. Si continúa en ese vaivén de ida y vuelta entre ambos Castillo, el radical y el moderado, terminará confundiendo a su electorado duro y también al potencial. Habiendo cedido la tribuna del mundo informal y regional a su contrincante, ahora se verá obligado a tener que dar la cara también en los debates formales. Su negativa lo podría seguir debilitando, porque sabe perfectamente que su mayor insumo para esta segunda vuelta es el antivoto de Keiko Fujimori. Y eso supone demostrarle a ese grupo que votaría por él, solo porque votaría contra ella, que está listo para gobernar en la formalidad. ¿Lo logrará finalmente?

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