Foto: ANDINA/ Miguel Mejía

En épocas electorales vuelven al debate temas recurrentes: despenalizar la eutanasia, aplicar la pena de muerte y despenalizar el aborto. En estos tres temas, el común denominador es, sin lugar a dudas, el derecho a la vida.

En el Perú, el único caso de aborto permitido es el llamado aborto terapéutico; cuando tanto el bien jurídico vida de la madre está en igual peligro que el del feto; ahí es legal y éticamente aceptable salvar a uno de los dos y dejar morir al otro. Los demás tipos de aborto son considerados, -nos guste o no- en nuestro país como delitos. Quizá uno de los casos más controvertidos es el llamado aborto sentimental o aborto por violación. La opinión pública se divide entre quienes defienden el derecho de la mujer a decidir sobre su propio cuerpo y, más aun, si como consecuencia de un acto abominable resulta embarazada y, quienes consideramos que por encima de ese derecho a elegir, está otro más importante como lo es el derecho a la vida del concebido.

Cuando una mujer es violada, solo existe un responsable: el violador. Sobre él debe recaer todo el peso de la ley. Pero los que reclaman que se despenalice el aborto por violación lo que piden en buena cuenta es la aplicación de la pena de muerte para el concebido, es decir, terminan pidiendo un peor castigo (en comparación con el  verdadero responsable que solo perderá su libertad) para el que nada de culpa tiene.

En una violación existe una sola víctima, la mujer violada, pero ciertamente  su calidad de víctima no la legitima para decidir sobre la vida de ese otro ser que se está formando dentro de su vientre pero que ya existe. Hacerlo es convertirlo por mano propia, en una segunda víctima de la violación.

En lugar de optar por el facilismo, como lo es permitir un aborto y “deshacerse” (literalmente hablando) del problema, el Estado debe direccionar su actuar a dos temas fundamentales: 1) Brindar apoyo psicológico, emocional  y permanente acompañamiento a la  víctima de la violación para que pueda superar ese terrible episodio y poder dar a luz a la criatura y, 2) Revisar y mejorar la normatividad sobre el procedimiento de adopción para que, en todo caso, el niño al nacer sea entregado a parejas deseosas de adoptarlo y darle una familia que los llene de cariño y amor.

No busquemos el camino más fácil, práctico y  sencillo; luchemos con decisión por la defensa del bien más preciado que tiene todo ser humano: la vida.

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Abogada por la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad de Lima. Estudios de Maestría en Derecho Civil con Mención en Familia por la Universidad Femenina del Sagrado Corazón. Ocupó cargos directivos en la Facultad de Derecho de la UNIFE (Jefa del Departamento de Ciencias Jurídicas y Directora del Programa de Derecho). Conciliadora Extrajudicial con mención en Familia con título expedido por el Ministerio de Justicia. Profesora de Derecho Societario y Fundamentos de la Familia en la Facultad de Derecho de la Universidad Femenina. Directora de Talento y Cultura Organizacional de TYTL Abogados.

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