Una revisión por los principales periódicos británicos del día de hoy nos remite a una noticia que resulta muy importante también para el Perú.
Se trata del anuncio de una “fórmula ganadora” de parte del combo Oxford-AstraZeneca, que confirmará en los próximos días una eficacia de su vacuna similar a los resultados que consiguieron las de Pfizer y Moderna, que ya se aplican en varios países con un porcentaje de alrededor del 95%.

Hasta el momento son más de 800 mil personas las que han recibido su primera dosis de vacunación en el Reino Unido, justo en el momento en el que el índice de contagio se ha disparado en varias zonas del país por la nueva variante del virus que ha despertado alarma en todo el mundo. Pero la noticia de Oxford ha sido recibida con gran optimismo porque esa vacuna es más barata que la de Pfizer y no requiere su cadena de ultra congelamiento a 70 grados centígrados bajo cero, lo que hace su distribución mucho más sencilla. La vacuna de Oxford podrá mantenerse en un refrigerador corriente.

Difícil no sentir envidia, a pesar de las difíciles circunstancias que atraviesa el reino de su majestad. Aquí en el Perú, como pasó con el resto, también se dejó caer la negociación con Oxford-AstraZeneca. Por lo que se sabe, el laboratorio se quedó corto en proporcionar toda la información pertinente sobre sus estudios preliminares. Se trató de una limitante muy comentada internacionalmente en lo que desembocó en una crisis de relaciones públicas. Pero ello no fue óbice para que otros países de la región como Colombia y México firmasen el contrato y se garanticen millones de dosis de la vacuna de Oxford-AstraZeneca. Aquí nos quedamos en nada. Qué rigor el del Estado peruano. O qué ineptitud.

Ya se sabe que Pfizer no quiso firmar la cláusula de liability que lo responsabilizaba de posibles daños a la salud de los vacunados. De nuevo, el exigente Estado cholo no cerró la negociación y los países vecinos sí lo hicieron. Otro medio internacional como The New York Times anunció hoy que el único efecto secundario entre los vacunados ha sido un breve dolor de cabeza que, según los propios consultados, bien vale la pena para acceder al antídoto del coronavirus.

La desastrosa experiencia que el Perú atraviesa hasta ahora en la materia debería obligarnos a conseguir una vacuna contra la miopía burocrática. Sea por el famoso temor de los funcionarios públicos a las responsabilidades administrativas y penales que paraliza en la práctica la toma de decisiones, o sea pura y simple incapacidad para negociar en circunstancias límite como las actuales; el Perú se queda con una jaqueca nacional que durará mucho más que la de un satisfecho vacunado.

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