La Organización Panamericana de la Salud advierte que el uso excesivo de antibióticos contra la COVID-19 puede ocasionar este mal.

La Organización Panamericana de la Salud (OPS) advierte que el uso inadecuado de antibióticos en la lucha contra la COVID-19 podría generar un daño colateral en la salud, creando una  “súperbacteria” en el organismo, capaz de resistir y sobrevivir a los  tratamientos.

Teniendo en cuenta que la vacuna contra la COVID-19 recién se ha comenzado aplicar en algunos países del mundo, la proliferación de la “súperbacteria”  en plena pandemia  podría tener consecuencias terroríficas.

Las “súperbacterias”  son cepas de bacterias, virus, parásitos y hongos, resistentes a la mayoría de antibióticos u otros medicamentos que se utilizan comúnmente para tratar las infecciones que se originan. Algunas de ellas son resistentes y pueden causar neumonías, infecciones de las vías urinarias y de la piel.

En principio se sabe que los antibióticos no son eficaces frente a un virus como los que provocan los resfriados, la gripe o la COVID-19. Y utilizarlos de manera inadecuada, acortando la duración en el tratamiento o reduciendo la dosis adecuada, le puede dar a las bacterias la oportunidad de aprender a sobrevivir y hacerse resistentes a los antibióticos.

El doctor Marcos Espinal, director del Departamento de Enfermedades Transmisibles, de la OPS/OMS señala que “muchos países” usan antibióticos indiscriminadamente, “a pesar que, la COVID-19 es una enfermedad viral”.

“Claro que se pueden utilizar antibióticos si hay el riesgo de tener una infección sobreañadida, que a veces sucede en hospitales y centros de salud donde no hay las medidas de control y prevención de infecciones que se recomiendan. Entonces, en ese momento se pueden usar, pero bajo estricta prescripción médica y seguimiento por expertos clínicos”, dice.

Espinal también indica que las “súperbacterias”  son resistentes a todo tipo de antibióticos, por lo que no deben usarse sin una receta y la debida investigación “porque no va a tener efecto en la COVID-19, a menos que la persona tenga una infección sobreañadida”, explica.

“Hemos escuchado casos de protocolos donde se recetan antibióticos para prevenir infecciones y la COVID es una enfermedad donde el 80% de los casos son leves y no hay complicaciones mayores. Solo del 5 al 10% requieren hospitalizaciones por ser muy graves.”

La curva del consumo de antibióticos tuvo un ascenso en el mundo como el de una montaña rusa. Y la gran subida tuvo lugar en el mes de marzo, durante las primeras semanas de pandemia por la COVID-19, a causa de la incertidumbre que se apoderó por los diagnósticos. Se ha evidenciado que se han prescrito más antibióticos en los hospitales por encima de lo normal.

Tanto los pacientes como los profesionales de la salud pueden desempeñar un papel importante en la disminución de los antibióticos. La clave está en que se podrían recomendar a los pacientes que sigan las instrucciones de sus médicos y que consulten a su farmacéutico cómo eliminar los fármacos que han sobrado para evitar la contaminación ambiental, que podría influir en la resistencia.

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