Según un cuadro publicado por Gestión Pública & Control, el Perú ha padecido la designación de más de 160 ministros durante el último quinquenio.

¡Exactamente 167 ministros!

Cada cambiazo, como es lógico en un país de tan baja institucionalidad, viene acompañado del séquito de contrataciones que implica el despido de una buena cantidad de personal especializado.

“Además de viceministros vienen nuevos directores generales, personal administrativo y de ahí para abajo”, explica el ex primer ministro Juan Jiménez Mayor, director general de GP&C.

En el Perú hemos llegado a tal nivel que, cuando Manuel Merino de Lama inició su presidencia de una semana, especialistas en gestión pública instaban a que al menos en los ministerios no se mueva a personal a partir de las direcciones generales.

Las odiosas comparaciones nos indican que el Perú ya está muy por detrás que vecinos como Colombia y Chile.

Colombia ha tenido seis ministros de Salud en los últimos 17 años. En los últimos cinco, han sido solo tres. Para el caso de Chile, han sido cuatro desde 2015. El Perú ha visto pasar 10 ministros de Salud en los últimos cinco años. En promedio duran seis meses.

Colombia ha tenido tres ministras de Educación desde 2014. Todas mujeres y con períodos de escrupulosos dos años de cumplimiento. En Chile, donde los estudiantes han puesto a todo el mundo de cabeza con sus demandas, los ministros han sido cuatro durante el mismo período. En el Perú vienen siendo ocho y el caos comenzó con la censura de Jaime Saavedra tras una gestión que fue lo más parecido a una política de Estado, de tres años y dos meses (se agradece como siempre, Keiko). Desde entonces, los intereses particulares enquistados en el Congreso han puesto permanentemente en la cornisa las políticas educativas y quien se ciñe el fajín se queda en el puesto 7 meses y cinco días en promedio.

Similar rotación se observa en otras carteras “duras” como el MEF y Relaciones Exteriores, con 8 y 7 nombramientos en el último quinquenio. Ahí solo nos queda la esperanza de que el carrusel ministerial no los afecte demasiado al ser los dos sectores con las burocracias más institucionalizadas. Sin embargo, algo nos puede decir el fracaso en la negociación de las vacunas conducido por Torre Tagle.

De ahí terminamos en el chiste de los 12 ministros de Cultura a partir de la instalación del gobierno de Pedro Pablo Kuczynski. ¿A alguien le puede llamar la atención que esa inestabilidad sea un reflejo de la desubicación de los valores en el Perú? En Chile la misma señora es ministra de Cultura desde hace casi dos años y medio. Igual que en Colombia, donde la predecesora de la actual titular duró ocho años en el cargo.

Esta crisis de estabilidad en el Ejecutivo tiene su correlato con el torpedeo en el Congreso a los contratos CAS –donde se reclama estabilidad para los funcionarios públicos a costa de un servicio de calidad para el ciudadano-, la regulación de la negociación colectiva y la entrada libre a las reposiciones judiciales. Un combo –o tres puñetazos- que le meten cabe a la vulnerable reforma meritocrática expresada en Servir.

Vamos muy por detrás de nuestros vecinos en la región en casi todo lo referente a gestión pública. Una situación que solo agravará el descontento ciudadano con el Estado y la democracia. La crisis es muy honda.

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