El péndulo peruano pasa de la negación a meter la combi con todo. 

La ley de promoción agraria duró veinte años y hace poco la renovaron por diez años más. 

Fue artífice del “milagro peruano” por el que nos convertimos en proveedores principales de frutas y hortalizas para el mundo, loaron sus promotores.  

Pero las enfurecidas protestas de la semana pasada evidenciaron que los agroexportadores se hicieron de la vista gorda en medio del paraíso. Las services hicieron de las suyas con la complicidad de un porcentaje de las 4 mil empresas que operaban bajo el paraguas de la fenecida ley. 

Hace unos pocos años el sector privado le puso muy mala cara a la introducción de la Sunafil como reguladora en el Ministerio de Trabajo. Hoy critica que no hiciera lo suyo para controlar a las empresas de contrata que terminaron por incendiar el campo y tumbarse la ley. ¿No pudieron hacer más para denunciarlas y defender su territorio?

Hoy el péndulo ha pasado del milagro al látigo de la explotación. Derogada la ley y recuperadas por el momento las carreteras, se demanda -además de la mejora de las condiciones laborales en la nueva ley- que se reviertan los importantes beneficios tributarios que posibilitaron el extraordinario crecimiento del sector. 

En la ley desaparecida, el pago del impuesto a la renta no era de 29.5% como ocurre con los demás rubros, sino apenas 15%. 

El ministro de Economía, Waldo Mendoza, advierte del peligro de borrar el beneficio de un plumazo. Con buen juicio, el ex ministro de la Producción, Piero Ghezzi, añade que no es que el Perú tenga 10 sectores como el de la agroexportación como para meterle cabe así nomás. 

Hoy una comisión multipartidaria se apura para tener una propuesta de nueva ley el viernes 11. Así de rápido. 

Pero habría que tomarse su tiempo para desmenuzar algunas cifras.

Según Alfonso Bustamente, director de la Asociación de Gremios Agrarios del Perú (AGAP), la ley muerta ha sido determinante para reducir la pobreza rural del 81% en el 2004 al 30% en 2019. 

Más específicamente sobre el tema de debate, afirma que la reducción tributaria ha cumplido un papel determinante en la reinversión. Han sido US$13 mil millones de inversión en la industria agroexportadora, con US$3600 millones en el mantenimiento anual de los campos. 

Esa reinversión, calcula, se ha expresado en obras de infraestructura, electrificación y canales que en circunstancias normales le hubieran correspondido al Estado. También se ha reflejado en la capacitación y profesionalización de un porcentaje importante de sus trabajadores.

Dice Bustamante que no hay empresario del sector que reconozca haber recuperado su capital. No porque sea un mal negocio, obviamente, sino porque apostaron por su crecimiento y por ganarle a la competencia de otros países. 

El debate recuerda al de las universidades y la Sunedu, donde esta superintendencia encontró que los centros privados de estudios que verdaderamente reinvertían sus utilidades eran también los que pasaban la valla en términos de condiciones mínimas de calidad. 

Es una comparación que se debería tomar en cuenta antes de meterle fierro a fondo a la combi agroexportadora.  

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Politólogo con maestrías en Periodismo y Estudios Latinoamericanos. Conductor y entrevistador en TV Peru. En 20 años pasó por casi todas las oficinas de Caretas. También ha hecho radio en RPP y 1160, y fue jefe de redacción del semanario colombiano Cromos.

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