El escenario constituyente está aquí. O eso aseguran desde la izquierda. Y los demás jugadores, excepto el fujimorismo, se niegan cada vez menos a la posibilidad. En el momento de efervescencia resulta impopular descartarlo.
Verónika Mendoza está entre quienes proponen una doble urna en las elecciones de abril para preguntarle a los votantes si debemos promulgar una nueva Constitución.
Y, al mismo tiempo, el escenario motiva una cascada de nuevas preguntas.
¿Si tenemos 24 candidatos presidenciales podemos concluir que el sistema político es cerrado e impide la emergencia de nuevas figuras?
¿Necesitamos más partidos?
¿Cuál sería el objetivo de una nueva Constitución?
¿Un nuevo “pacto social” implica un nuevo modelo económico como la figura propuesta por la izquierda?
¿Una mejor relación entre las instituciones demanda una nueva Constitución? En todo caso, ¿cómo tendría que ser para que Congreso y Ejecutivo se entiendan?
¿La nueva Constitución acabará -o reducirá- la corrupción?
¿Ayudará a formalizar al país?
¿Protegerá la reforma educativa?
¿Garantizará mayor recaudación? ¿Y determinará si los ricos pagan más impuestos?
¿Dotará de agua potable a los millones que no la tienen?
¿Le dará empleo más decente a los jóvenes?
¿Repensar la descentralización como propone el presidente Francisco Sagasti pasa por estrenar carta magna? ¿Ayudaría a los gobiernos regionales a gastar mejor?
¿El Estado subsidiario consagrado en la Constitución de 1993 debe cambiar en su esencia para que pueda involucrarse en áreas donde el mercado no lo ha hecho o lo ha hecho deficientemente?
¿Una nueva Constitución permitirá contar con personal más profesional seleccionado por Servir en el Estado, como se acaba de anunciar para el caso de la Policía?
¿Es necesario revisar el modelo extractivo a través de una nueva Constitución?
¿Cuándo hablamos de gestión y cuándo de constitución?
¿Tendremos un mejor Poder Judicial con una constituyente?
¿La Constitución nos dará más innovación?
La lista puede seguir. Pero responder algunas de estas preguntas puede ayudar a ordenar y priorizar el debate.

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