El presidente Francisco Sagasti ha generado con su investidura, discurso y sus gestos un espacio de serenidad tan necesarios en nuestro convulso país. Meses de tensión, intranquilidad, crisis sanitaria, económica, laboral y política parecen encontrar, por fin, un espacio para la prudencia que permita definir y establecer una transición gubernamental sin sobresaltos.

Sagasti encuentra un gobierno desarticulado y, salvo excepciones, inútil. Vizcarra lideraba desde antes de la pandemia un gobierno muy ineficiente, con ministerios sin iniciativa y nula inversión. Es cierto el cuestionamiento público que su gestión no tiene un solo proyecto u obra importante que mostrar. Su alta aprobación reposo principalmente en su enfrentamiento a un Congreso más ineficiente y con la imagen de ser un a isla de protección para corruptos. Tanto fue el respaldo ciudadano que pudo disolver a dicho Parlamento.

Durante la pandemia esa desarticulación e ineficiencia gubernamental se multiplicó. Hizo evidente mucho más las carencias del gobierno. Las decisiones equívocas para combatirla agudizaron la crisis sanitaria con el incremento inusitado de infectados y muertos, nos sumieron en una profunda parálisis del aparato productivo que generó un gigantesco desempleo a nivel nacional y millones de personas empujadas nuevamente a la pobreza.  Peor todavía, ese desorden gubernamental se profundizo con su nuevo enfrentamiento al nuevo Congreso entre acusaciones mutuas de corrupción. En este caso, su respaldo ciudadano obedeció principalmente a que el Congreso seguía siendo peor visto, al reparto masivo de bonos de dinero durante la pandemia y a las medidas de control durante la cuarentena. La imagen de autoridad generosa y fuerte ayudo a ocultar el enorme desbarajuste e inutilidad gubernamental de su gestión.

Vacado el ineficiente Vizcarra, por un Congreso más ineficiente, inútil y corrupto y ungiendo a un más ineficiente Merino como su reemplazo, provocó un masivo levantamiento ciudadano a nivel nacional. No importo la pandemia ni sus medidas restrictivas, no importo la represión policial, en todo el país y el extranjero el grito era “Merino no es mi Presidente” y “Vizcarra esto no es por ti, es por mi país”.

Ese extraordinario movimiento ciudadano provoco la renuncia de Merino ante la inminencia de una nueva vacancia. El Congreso eligió a Francisco Sagasti como nuevo Presidente del Congreso y en consecuencia nuevo Presidente de la Republica, por los próximos 8 meses y medio, hasta culminar este periodo gubernamental. Sagasti deberá liderar:

    • i. Elecciones libres, justas y transparentes. Lamentablemente el zafarrancho normativo electoral provocado por el congreso vacado y el actual no permite buenas perspectivas de mejores autoridades electas.
    • ii. Enfrentar la pandemia que bordea ya el millón de infectados y una cifra aún no sincerada de muertos. Es una necesidad nacional diseñar una estrategia única con dos etapas muy marcadas: antes de la vacuna y durante la aplicación de la misma.
    • iii. Reactivar la economía y el empleo en el país. La prudencia no debe confundirse con trabas burocráticas ni la flexibilidad con ausencia de responsabilidades empresariales.
    • iv. Fortalecer los programas sociales para atender a los pobres y a los desempleados. El impacto social de esta pandemia todavía no es calculable, sin embargo, los cerca de seis millones de desempleados nos deben llevar a considerar en mas millones de pobres y extremadamente pobres en el país. El anuncio del Programa Hambre Cero es bueno, ojalá no se demore.
    • v. Ordenar la agenda del Ejecutivo y desde ahí ayudar a ordenar la agenda del Congreso. No pueden ser agendas contradictorias. No será fácil solo queda apoyar a que lo logre.

Sagasti, tiene el duro encargo de ordenar al gobierno y al país durante estos meses de transición democrática. Visión de país tiene y personalidad también. Su gabinete se ve compacto, la mayoría conoce la gestión pública y los que no tienen dicha experiencia son especialistas en sus materias. No es un gabinete de personalidades como lo fue el de Paniagua, pero si es un gabinete de gestores que ayudara a ordenar el gobierno.

Sagasti, abrigo la esperanza, debe ser el gran ordenador de este desbarajuste gubernamental que encuentra y debe entregar un gobierno ordenado al próximo Presidente. Ordenara nuestro inicio del Bicentenario. Su experiencia, en Agenda Perú y el Ceplan, nos permiten decir que estamos ante el Ordenador. Fue bueno que el este en el Congreso, fue bueno que el sea el elegido. Después de todo lo pasado en estos últimos cuatro años, “Considerando en frio, … emocionado, emocionado“ creo que Dios es peruano.

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