Dos de las tres reuniones delatadas han sido aceptadas ayer por el presidente. Las “razones técnicas” que, con esfuerzo, podrían explicarlas, deberían corresponder a una carpeta de correspondencia intercambiada de un lado al otro de la mesa. Deberían tener una lista de precisiones y observaciones, además de memorandos de resultados obtenidos

¿Tiene el gobierno de Moquegua esa carpeta? Si no la tiene, tendríamos un caso de “coartada fallida”, y eso es más que grave. Una coartada fallida hace siempre creíble una delación.

Un millón de soles cobrados en efectivo debe tener una explicación dentro de la empresa titular de las cuentas de las que se retiran los fondos. Parece que el delator es quien sostiene haber entregado ese dinero al ahora presidente. Pero el dinero salió de una cuenta de bancos, de modo que hay por lo menos una persona más en esa empresa, al menos en contabilidad, que debe saber algo de esa historia, si no los socios mismos.

Pues bien, ¿alguien en Obrainsa tiene una explicación alternativa sobre el uso que se dio a esos fondos?  ¿Hay otra historia que requiera ser verificada?  Si no la hay, el caso terminará dependiendo de la credibilidad que ofrezca el colaborador, que, dada la cantidad de evidencias que rodean ahora este caso, podrá ser recibido como testigo.

 

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