La era identitaria obliga a identificarse.

Darse una buena mirada introspectiva sin por eso quedarse mirando el ombligo.

Primero el nombre. La K no viene de la china ni el gringo, sino del griego.

Politikós” significa “de los ciudadanos” o “del Estado”. Atención a la doble acepción.

La política pensada como lo público, aquello que concierne a la sociedad. No al interés de unos pocos o un borracho de poder. La resaca termina en el fracaso y hasta en la cárcel.

Dicen que estamos desinteresados de la política pero por todas partes hablamos de ella.

¿Entonces?

Leemos con sentido común. Miramos y escuchamos con atención. Opinamos con los pies sobre los hechos. Con rigor pero también buena onda. Tratamos de ser entretenidos. A tolerar en democracia y no ahogarla en las redes.

Preguntamos de todo pero también dejámos responder. No somos volteadores de notas. Tampoco cazamos noticias que estén colgadas por todas partes. Y escarbamos por contexto porque la amnesia pública es el suicidio de la politika.

Sin intereses partidarios ni empresariales. Con ganas de impulsar políticas públicas racionales y una economía sana. Más periodistas que activistas. Empilados por animar a los jóvenes a prestarle atención a la cosa pública y tomar las riendas del país.

Buscamos hablarles a todos pero sabemos que quienes levantarán la ceja son los equipados para escuchar y conversar.

Ah, y no todo es política pues. En DePolítika entra todo aquello que empodera a los ciudadanos. La solidaridad, el arte y la salud. De la innovación al turismo (que por misericordia vuelva pronto). Porque si nos quedamos hablando solo del Congreso nos volvemos locos.

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