En su informe publicado ayer, martes 6, la Comisión para América Latina y el Caribe (CEPAL) confirmó los desastrosos pronósticos para la economía peruana como consecuencia de la pandemia. El decrecimiento del PBI estaría en el orden del -13% y solo la tragedia venezolana es peor, con un crecimiento de -26%.

Consecuentemente, este emplazamiento coloca al Perú al final de la tabla de la Alianza del Pacífico. Aunque sus socios Colombia (-5.6%), Chile (-7.9%) y México (-9%) no tengan nada que celebrar, la caída de la economía peruana se las lleva a todas.

Por lo pronto, la CEPAL ya anticipa que la velocidad de recuperación será mucho más lenta que la de la crisis internacional del 2008. Se prevé el cierre de 2,7 millones de empresas formales en toda la región en el 2020, con un nivel de desempleo de 44 millones de personas, con un aumento de 19 millones con respecto al 2019.

Si el retroceso de la pobreza en el Perú se había ralentizado en los últimos años, ahora la CEPAL calcula que la pobreza en la región volverá a los niveles de 2005, con 231 millones de pobres. Más aún, la pobreza extrema volverá a mostrar su horrible cabeza, con 96 millones en esa condición, para ingresar en una terrorífica máquina del tiempo a los niveles de 1990.

Otro dato de la CEPAL pone al Perú en su verdadera perspectiva. La pandemia sorprendió a la región en momentos en los que la presión tributaria promedio era el 23% del PBI. En el estudio se recuerda que el porcentaje es muy inferior que el de los países de la OCDE, que supera el 34%. Que bueno sería que el Perú estuviera en el promedio regional. La recaudación se encuentra en el orden del 14% del PBI, con avances de apenas décimas de un año al otro.

El MEF consideró hace poco que esa presión podía incrementarse hasta en 5 puntos sin necesidad de crear nuevas tasas impositivas. El debate tiene muchas aristas. Los formales se quejan de que a ellos los ajustan con todo. Y tienen razón. Según el Banco Mundial, en el Perú los impuestos a las empresas se encuentran en alrededor del 39% de sus ganancias netas. Pero es una tenaza que se ajusta bastante más en casos como los de México, Brasil, Colombia y, al tope de la lista, Argentina. Si a ello se suma el nivel de informalidad reinante en el Perú, con su famoso nivel calculado en 70%, puede comenzar a entenderse ese 14% de presión tributaria que está a la zaga de la región. En este octubre en el que el Cristo Morado se recluye forzosamente en las Nazarenas, puede entenderse mejor por qué el milagro peruano se observa cada vez más despintado.

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Politólogo con maestrías en Periodismo y Estudios Latinoamericanos. Conductor y entrevistador en TV Peru. En 20 años pasó por casi todas las oficinas de Caretas. También ha hecho radio en RPP y 1160, y fue jefe de redacción del semanario colombiano Cromos.

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