Forsyth, tiene hasta el 12 de octubre para renunciar a su cargo si decide participar en las elecciones del 2021.

Resulta difícil ignorar el llanto desconsolado de George Forsyth. Ahogado por las lágrimas, el alcalde de La Victoria no pudo iniciar una conferencia de prensa convocada por él mismo sobre el cambio de manos de un complejo deportivo del Instituto Peruano del Deporte (IPD) al distrito que dirige.

Las especulaciones dan cuenta de la emoción que supuestamente lo embargó al recordar los inicios de su carrera deportiva en el equipo victoriano de Alianza Lima.

Hasta ahora, Forsyth ha aparecido como puntero en las encuestas con miras a las presidenciales de abril. Eso antes de la feria de precandidatos desplegada en los últimos días. A partir de ahora podrá determinarse si ese 23% que lo favorecía se asemeja a un voto duro o era sencillamente una expresión pasajera volcada en un personaje conocido y popular.

Porque, desde cierto nivel racional, el llanto público del recientemente inscrito en Restauración Nacional solidifica sus debilidades. A su falta de experiencia -aún no tiene un título de universitario pues, ha explicado, debió abandonar la universidad por sus compromisos futbolísticos- se sumaría el descontrol emocional que es un importante punto en contra para quien pretenda liderar un país particularmente inmaduro como el Perú.

Jorge Chávez, economista y ex presidente del Banco Central de Reserva (BCR) y actual consultor.

Otra perspectiva, como la que me comentó el consultor electoral y experto en “tecnopolítica” argentino Diego Panigo, es la de la elección que se jugará en una cancha diferente, ajena prácticamente a lo que conocemos hoy, en la que el votante común ya no quiere saber nada de la política. Algunos trinos que el alcalde Forsyth ha publicado en momentos claves dan cuenta de su rechazo a los políticos “tradicionales” que nos roban la esperanza. No hace falta decir que no es nada nuevo pero falta ver cómo el mensaje se reencaucha para el bicentenario en medio de pandemia.

De hecho, podría argumentarse que estamos como estamos en parte por falta de política entendida como la búsqueda de consensos, y el entronizamiento de la forma más individualista y mezquina de administrar el poder.

Mientras le declara a Magaly Medina sobre la relación con su aún esposa Vanessa Terkes, Forsyth viene trabajando en estricto secreto con un equipo de varias decenas de profesionales entre quienes destacan el ex presidente del Banco Central de Reserva (BCR) y actual consultor, Jorge Chávez.

Ahora se comenta que el nuevo nombre de Restauración Nacional sería el de Victoria Nacional, en obvia alusión al distrito que Forsyth deberá dejar de gobernar a partir de esta semana, como lo estipula la ley para las autoridades que opten por nuevas candidaturas antes de terminar el período para el que fueron elegidos. El alcalde de Lima, Jorge Muñóz, ha cuestionado a Forsyth por esa intención. Pero también es cierto que en el Perú posiblemente ya hemos llegado al punto en el que la sintonización de un político con el electorado es flor de un día, o de una campaña. Ahí está el caso de Julio Guzmán y lo que se augura para Salvador del Solar. Apuestas por chapar el tren o te quedas llorando.

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