Foto: Andina

Anoche la secretaria general del PPC, la exministra Marisol Pérez Tello, hizo notar que, si bien el 30 de setiembre se cierra el plazo para que quienes pretendan ser candidatos se inscriban en algún partido vigente, la fecha límite para formalizar las alianzas políticas recién estará en los primeros días de enero.

De allí la naturaleza del anuncio de ayer entre el Partido Morado y Fuerza Ciudadana. La segunda carece de inscripción y, por eso, Susel Paredes se inscribió directamente como militante del PM, con miras a participar en las elecciones internas. Una cuota de integrantes de FC, por otro lado, podría estar entre los invitados del PM en la lista parlamentaria.

Lo que Pérez Tello aclaró es que el hecho que los “vientres de alquiler” estén a la caza de candidatos sin partidos no implica que luego no se puedan concretar alianzas electorales entre estas agrupaciones. George Forsyth irá con Restauración Nacional, Fernando Cillóniz con Todos Por el Perú, Hernando de Soto con Avanza País y en las últimas horas se anunció que Daniel Salaverry tendrá el carnet de Somos Perú.

Es una auténtica feria, un Polvos Azules de la política. Hasta con los vendedores ambulantes apostados en la entrada.

Pérez Tello admitió que en su partido tuvieron conversaciones con varios de los precandidatos mencionados, y que respetaba que hubieran preferido apostar por la casa propia -alquilada, es decir- antes de someterse a las reglas internas de una comunidad establecida.

Pero, de nuevo, la pepecista guarda las esperanzas de que la política peruana pueda organizarse en bloques. En ese sentido, las figuras de su partido con aspiraciones -Carlos Neuhaus, Alberto Beingolea, ella misma- apostarán antes por la posibilidad de ir como parte de un frente antes de irse por la libre. Por algo el cronograma electoral establece que primero se realizan las elecciones internas y luego se inscriben las alianzas.

La democracia chola, interrumpida hasta 1992 por períodos dictatoriales, ha sido siempre fragmentada. Pero lo de ahora ya es un big bang. En el 2011, Pedro Pablo Kuczynski y Alejandro Toledo se anularon mutuamente para darle pase a una segunda vuelta entre Ollanta Humala y Keiko Fujimori. En 2016, la predominancia de esta última fue indudablemente cimentada por la dispersión del espectro que va del centro a la derecha (aunque ahora hasta Roque Benavides diga que es de centro).

Las experiencia del Fredemo en 1990 dejó cicatrices, con un candidato tsunami que les arrasó el pastel y las maniobras del oficialismo aprista que prefirió darle viada antes que ver a Vargas Llosa en el poder. Las vueltas que da la vida, pues al final de su carrera Alan García impulsó la fracasada alianza con Lourdes Flores Nano del PPC. El mismo partido de Pérez Tello, por cierto, que ni siquiera logró entrar al presente Congreso.

Sin embargo, el deterioro institucional de los últimos años abona a la corriente, cada vez con más políticos que señalan las miserias de la atomización pirata. El joven Forsyth, por ejemplo, puede ver comprometida su buena posición actual si se pone en la línea de tiro de quienes critican su falta de experiencia. La debilidad se hará más evidente al correr solo.

El cinismo que en el Perú ya es reflejo obliga a responder que no hay forma de establecer alianzas coherentes como las que les dieron por muchos años estabilidad a países vecinos. Aquí cada uno baila con la suya, y punto. Pero si la incapacidad de arribar a consensos -la definición misma de la política democrática- es precisamente lo que nos tiene en la lona, bien vale la pena soñar.

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