Imagen: Expreso

“Con integridad, no tienes nada que temer, ya que no tienes nada que ocultar. Con integridad, vas a hacer lo correcto, por lo que no tendrás ningún sentimiento de culpa”.
Zig Ziglar

Hemos olvidado que el fin de toda sociedad es el bienestar de sus ciudadanos, que las leyes y las instituciones se hicieron para protegerlo de las “humanas tendencias” de poder, ambición,  intereses y de compromisos de los gobernantes. Sin embargo, basta que surja alguien capaz de figurar como todo poderoso que como un líder narcisista encuentra en los demás únicamente la oportunidad de utilizarlos para beneficio de su egolatría y no para su nación.

Personas que en un principio parecían bien intencionadas pueden caer en la embriaguez del poder, al punto de olvidar que representan y personifican a la nación peruana.

La confrontación entre el Ejecutivo y el Legislativo parece no tener fin, la lucha por el control político desde el Gobierno Central nos debilita y olvidamos que la democracia implica diversos roles que cada poder del Estado cumple y ejecuta según su autonomía, así, el ejercicio democrático genera el equilibrio de poderes.

Después de 20 años de los vladivideos que mostraban la  corrupción en el Estado y en las Fuerzas Armadas se repite la historia y como un Déjà vu, el fin de semana pasado,  el Gobierno de turno recibió un golpe de gran magnitud con la difusión pública de audios donde se pone al descubierto mentiras e indicios de irregularidades y hasta posibles ilícitos que implican a la persona que personifica a la nación.

La lectura política del último mensaje emitido por el Presidente del Consejo de Ministros acompañado de los Ministros de Defensa, del Interior, de Justicia y Derechos Humanos y de los Comandantes Generales de las Fuerzas Armadas y Policía Nacional del Perú, nos dejó un sabor a blindaje burdo.

Este último periodo presidencial nuevamente nos ha demostrado que el Perú no necesita enemigos, pues el peruano es el mayor enemigo del propio peruano.

Este Gobierno será recordado por no tener liderazgo, credibilidad, transparencia en sus actos y con muchos indicios de irregularidades en nuestra triste historia peruana.

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