Tras concluir la votación en la que el Congreso rechazó la moción de vacancia contra la ministra de Economía y Finanzas, María Antonieta Alva, el presidente del Legislativo, Manuel Merino de Lama, leyó un texto en el que invocó a recordar el origen del Día Internacional de la Democracia que se celebró ayer 15 de septiembre. De inmediato, su colega de la bancada acciopopulista, Ricardo Burga, añadió que la efeméride se acompaña usualmente con la celebración del Día de la Paz, y que eso debían hacer los poderes del Estado: “llevar la fiesta en paz”. Otra congresista terció desde el zoom que también se debía conmemorar el día del interés y el lobby en homenaje a aquellos miserables que condenaron al hambre al pueblo.

La búsqueda de acuerdos conlleva una dosis de desorden. Quien lo niegue corre el riesgo de seguir una línea recta que termina en autoritarismo. Pero los políticos que confunden los contrapesos democráticos con las riendas sueltas y convierten el exceso en la norma, le quitan el oxígeno a la democracia y le hacen más fácil el trabajo al que demanda mano dura. Que en nuestro caso significa una sola mano, sin frenos ni rendición de cuentas.

Lo que la mayoría del Congreso ha ofrecido en los últimos días es una nueva temporada del espectáculo que tiene al Perú al final de la tabla del Latinobarómetro en lo que respecta a la confianza en la democracia y las instituciones. La irracionalidad, en medio de una pandemia, de llevar a la posibilidad de la vacancia presidencial un caso embarazoso pero finalmente absurdo y de muy poca monta como el del cantante Richard Swing denota que el problema del Legislativo es estructural y reitera la necesidad de urgentes reformas políticas que soporten la democracia.

Pero cuando las instituciones naufragan quienes la rescatan son los patriotas brillantes. Eso recuerda la figura de Valentín Paniagua, constantemente destacada hoy por el canal de televisión del Congreso. Una referencia que termina siendo un disparo al pie del hemiciclo.

El cusqueño fue el arquetipo del político que encaja tan perfecta como inesperadamente en una situación histórica. Se entalló la banda presidencial en medio de una crisis que requería la solución de una personalidad intachable y de consenso. Su nombre fue el resultado, y no el gatillo, de una negociación política con esos parámetros en mente. Más de una vez Enrique Zileri Gibson equiparó su breve gobierno de transición con un “estado de gracia”.

Lo de ahora nada tiene que ver con Paniagua. El strip tease de ambición apurado el jueves pasado parió con fórceps un escenario de vacancia, y quien tenía el timón era el que hubiera resultado con el varayoc presidencial de consumarse el calateo completo. En este Perú que busca mejorar la calidad de la educación con el cierre de las universidades negocio, correremos el riesgo de tener un presidente que no se tituló de agrónomo y ni siquiera terminó sus estudios.

La revelación del ministro de Energía y Minas, Miguel Incháustegui, sobre la mezcla de coqueteo y cogoteo con la que lo quisieron persuadir actores afines a AP, dan cuenta de la miseria del momento. Las sutilezas son de pésimo gusto en la política peruana del 2020.

Acción Popular firma comunicados opuestos desde la bancada y las facciones partidarias enfrentadas. La célula parlamentaria es una cosa y la dirigencia dividida, otra. Pero al menos de sus 23 votos 7 fueron negativas y abstenciones. La bancada de Alianza Para El Progreso, en cambio, fue unánime en su disciplinado sí

Y APP tiene en César Acuña a su -literalmente- más valioso disidente, aunque las discrepancias sean dignas de los memes que le dedican al magnate universitario en redes. Carmen Omonte dice que que Acuña no se reunió con la bancada antes de que esta emitiera su voto para pasar a discutir la vacancia del presidente, por lo que se entiende que éste rechazara después la posibilidad de vacar a Vizcarra. Normal nomás.

Podemos confirma su entraña de combi pirata sin identidad política más allá de los millonarios intereses de universidades denegadas del señor José Luna y el estilo errático de Daniel Urresti, en el que la calle de la que se ufana por Twitter ya se convirtió en un callejón oscuro donde tiene que pedir disculpas a cada rato. Sea por sugerir que Swing le apaña bacanales a Vizcarra -con su toque de homofobia- o por aludir que no sabía lo que votaba a la hora de eliminar la inmunidad presidencial. Y quiere ser presidente.

Igual que Keiko Fujimori, a pesar de todos sus problemas judiciales. Su manifiesto contra el populismo revivió en algunos hinchas la esperanza naranja de la síntesis de derecha popular. Pero si Julio Guzmán se escapó de un incendio, la chica se pasó los últimos años provocándolos. Las consecuencias saltan a la vista, tanto en lo personal como en lo partidario. Muy poco, muy tarde.

Para variar, la izquierda del Frente Amplio votó dividida. El Frepap, a pesar del atavismo, tuvo más sentido común con su abstención casi unánime.

El Partido Morado y Somos Perú representan excepciones en este descampado del debate. Los primeros han sido la bancada más coherente en lo que va de la legislatura. A pesar de ello no aparece un extintor que apague las quemaduras de su líder ni una mecha que lo prenda en las mediciones de popularidad. Somos Perú, que también ha votado usualmente con la lógica por delante, vio escaparse la oportunidad de alojar la candidatura presidencial de George Forsyth -si es que le creemos a su ex congresista Rennán Espinoza- por defender a Guillermo Aliaga, congresista que disipó su temprana promesa a punta de defender intereses de los colectiveros informales y las conversaciones con las que pretendió interceder por un familiar ante el corrupto juez Walter Ríos. Pésimo negocio.

El alcalde de La Victoria observa el pleito desde el balcón, pero ya no va a poder apuntar a las ligas mayores con trinos contra los políticos. Quien se decida a tomar las riendas de este país chúcaro va a estar obligado a explicarle a la ciudadanía cómo planea relacionarse con el Congreso para evitar repetir el descalabro del último lustro. Eso, a diferencia de lo que pensó el presidente Vizcarra, incluye además de un equipo de tigres una bancada con profesionales de solvencia y fichajes de buena experiencia política. El que apueste a la carta de la antipolítica mejor que vuelva a jugar pichangas sin mascarilla. Lo que padecemos hoy es la antipolítica.

Deja un comentario