Foto: Gestión.

Sorprendió a muchos. Pero no a todos. Los resultados del proceso electoral para el Congreso 2020 confirmaron la configuración de un nuevo escenario de fuerzas políticas en el país.

El trabajo de campo que hicieron a pulso las agrupaciones que dieron la sorpresa tuvo frutos. No así la sobreexposición de otros en los medios de prensa. Quienes más tribuna recibieron en diarios, emisoras radiales y canales de tv, fueron quienes menos resultaron favorecidos con el voto popular.

¿Qué explica estos “sorprendentes” resultados? Que los ganadores de la jornada, esos grupos disruptivos que cuestionan los “beneficios” del modelo de crecimiento económico, supieron leer mejor la desazón y el fastidio de los peruanos respecto a la supuesta inclusión de un sistema, que tiene fuera de su formalidad a más del 70% de actores económicos.

La narrativa autoritaria, regionalista y descentralista se impuso al discurso conciliador, demócrata y centralista. Las élites regionales ganaron nuevamente la partida a las élites limeñas. Antes de esta elección no estaban en escena. Hoy equilibran en peso político a los representantes de los viejos grupos de poder, a quienes están dentro del Hemiciclo y a quienes estarán fuera también.

Según la distribución de votos del conteo rápido de Ipsos, las agrupaciones disruptivas (Frepap, Podemos Perú, Unión por el Perú, Frente Amplio y Juntos por el Perú) representan el 35.2% de los votos válidos. Las agrupaciones institucionalistas (Acción Popular, Alianza para el Progreso, Partido Morado, Fuerza Popular y Somos Perú) representan el 38.2% de los votos válidos. Y las agrupaciones NO representadas, un conjunto de 11 agrupaciones, entre las que distinguimos al Partido Popular Cristiano, el Partido Aprista Peruano y Solidaridad Nacional, representan el 26.6% de los votos válidos.

Tres bloques de poder que moverán las fichas del tablero de ajedrez de la política hasta el 2021. Tendrán juego político electoral con miras a las Elecciones Generales. Y tendrán juego gubernamental, porque deben recuperar el equilibrio de poderes, frente a un Poder Judicial que pierde la brújula en las investigaciones anticorrupción, bajo su modo Fiscalía, y un Gobierno Central que cada día expresa enormes dificultades para hacer realidad una gestión con resultados concretos para la población.

El escenario no es sencillo para quienes gobiernan el Perú. Todos los discursos iniciales tras el triunfo siempre son conciliadores. Pero en realidad lo que veremos cuando los nuevos congresistas asuman sus funciones, será una situación de incertidumbre y anarquía, más que una de concertación y buenas intenciones. Esperamos equivocarnos. Pero el futuro incierto que nos depara este Parlamento nos devuelve la imagen de un pasado que muchos creíamos haber dejado atrás.

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