Foto: Trome.

La designación de la joven economista de la Universidad Pacífico, María Antonieta Alva, sin duda responde a la fuerte relación que une al Presidente Vizcarra con su padre, y al reconocimiento que muchos manifiestan sobre su trabajo -a pesar de su corta trayectoria en gestión pública- en ministerios como Educación, Desarrollo e Inclusión Social y Economía y Finanzas.

Su nombramiento, sin embargo, representa mucho más que eso. Se trata de la primera ruptura generacional en la línea de mando del MEF en 29 años, que se mantuvo sólida en manos de una tecnocracia limeña vinculada a grandes grupos de poder económico -desde que el primer fujimorismo arrasó la partidocracia de los 90.

La pregunta de fondo es si su elección responde a un disparo consciente de la tecnocracia regional y descentralista (la que representa el vizcarrismo), hacia esa tecnocracia limeña que fracasó en su lucha política contra el fujimorismo renovado de Keiko Sofía y su mayoría en el Congreso de la República.

Esta es la principal razón por la cual existe mucha preocupación en el sector empresarial y entre quienes gobernaron el país a través del networking del MEF las últimas tres décadas, pues no conocen los lineamientos económicos que definen a la nueva inquilina de Jirón Junín. Sus maestros podrán intuir algunas cosas por lo que conocieron en sus clases, pero solo un círculo muy íntimo conoce realmente cuál es el camino que el nuevo gabinete quiere seguir.

El Club del MEF gobernó el país en la sombra durante casi 30 años. Pero hoy no está seguro de seguir haciéndolo, porque la ministra Alva podría iniciar el desmontaje del viejo cuerpo de burócratas que detuvieron un sinfín de obras de infraestructura e inversiones en salud y educación en muchas regiones, so pretexto de no cumplir con los formatos oficiales, o tonteando durante años a las autoridades regionales, que tenían que suplicar por un poquito de presupuesto.

La vida da muchas vueltas. Ciego quien no quiera ver. El cierre del Congreso, constitucional o no, es un acto político concreto, que definió una vieja disputa histórica por el poder y el presupuesto entre regionalistas y limeños, entre descentralistas y centralistas, entre visiones distintas del crecimiento y el desarrollo.

El riesgo es que a falta de lineamientos claros y concretos sobre los ajustes que deben hacerse al modelo, que nos permitió crecer los últimos 30 años, se deje el camino libre a aquellos aventureros que no tienen otro modelo que ofrecer, salvo eliminar el que ya funciona con dificultades. En manos de María Antonieta y la nueva tecnocracia que incorpore está el futuro de esas nuevas generaciones que hoy aclaman al gobierno del Presidente Vizcarra por el cierre del Congreso. Su relación con los demás sectores será la clave de los nuevos vientos que soplen, pero sin duda el MEF nunca más volverá a gobernar el país tras bambalinas, con ese silencio cómplice que lo caracterizó.

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