Foto: Publimetro.

Cometen un error quienes llevan al premier a una negociación donde las partes no comparten los mismos códigos de comunicación. Queda claro cuando el primer ministro, Salvador del Solar, informa como resultado un acuerdo para liberar las vías que permiten el libre tránsito de los camiones de minera Las Bambas; mientras el presidente de la comunidad de Fuerabamba, Gregorio Rojas, afirma que se sintió presionado de firmar el acuerdo, porque temió ser detenido nuevamente, debiendo consultar con sus “representados” si procede lo firmado en el acta.

Esa declaración basta y sobra para suspender el diálogo bajo esas condiciones. El presidente Rojas no es un interlocutor válido. Él incumplió su palabra e invalidó su firma en las actas, al revelar sentirse presionado por el premier Del Solar.

La declaración de Rojas evidencia que los objetivos de ambas partes tienden a una colisión de intereses. No a consolidar un clima de consenso y mucho menos de paz. Las voces concertadoras casi nunca anticipan las pequeñas provocaciones, dejándose enredar en dimes y diretes que buscan pretextos para encender la mecha del conflicto.

El Gobierno va perdiendo el partido, pero no debe renunciar al uso de la razón y la inteligencia. Debe hacer oído sordo a las voces de halcones autoritarios que proponen militarizar la zona y “mano dura” para restablecer el libre tránsito por la vía nacional.

El uso de la razón no significa mostrar debilidad, por cierto. Supone replantear reglas de juego para construir un nuevo escenario de diálogo, pero esta vez con representantes reales, puntos de partida, línea de base, negociadores profesionales, comunicación del avance de Actas, y una dinámica de reuniones entre las partes que deje claro la exposición de todas las posiciones.

Ni la voz de los activistas radicales que esconden la mano que tira la piedra tras “representantes sin representación”, provocando enfrentamiento y confrontación; ni la voz de empresarios invisibles que, sin licencia social, se esconden tras las botas del señor Estado, pidiendo “mano dura” para evitar las pérdidas económicas.

No a los cantos de sirena que buscan solucionar problemas con autodestrucción. El reto de una sociedad democrática es concertar y conversar. Acordar y hacer respetar los acuerdos. Mucha paciencia y mejor humor. Pero sobre todo mucha inteligencia y una sólida defensa del “acuerdo” como piedra angular de una negociación sostenible. A quien atente contra él, que le caiga todo el peso de la ley.

Publicado originalmente en Diario Expreso el 9 de abril de 2019.

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