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No hay duda que el todopoderoso MEF, ese que nació bajo el paraguas del primer fujimorismo y llegó a pactar a medias con el montesinismo. Ese que reinó –sin restricciones– la transición democrática (con Toledo, García y Humala), e incluso puso a un Presidente de sus filas cuando fue electo PPK, atraviesa hoy uno de sus peores momentos.

Coincide la caída libre de su poder omnipresente con la abrupta salida de Kuczynski y su tecnocracia liberal del mismísimo corazón del aparato estatal. Las últimas semanas fueron trágicas para el MEF. Perdió importantes batallas. Me atrevería a decir que se trata de “batallas cruciales”.

Una en manos del Premier Villanueva y la tecnocracia regional. El pretexto en este caso fue la reforma tributaria y la supuesta reactivación del famoso Impuesto a la Renta a quienes ganaran menos de 2000 soles. Este error táctico del ministro Tuesta le costó su primera derrota en manos de los tecnócratas regionales, que sin dudar un instante metieron fierro a fondo y le enmendaron la plana al aún novato ministro de Economía.

La segunda batalla perdida la sufrió hace una semana enfrentando al Congreso de la República, para ser más específicos en manos de Fuerza Popular, bajo el pretexto de la Ley que busca regular las cooperativas de todo el país, en especial las de ahorro y crédito. A pesar de una intensa campaña mediática que buscó neutralizar a los “naranjas” etiquetándolos de lobistas, lo cierto es que el Congreso votó en mayoría y decidió devolver el proyecto a comisiones para que se busque una fórmula consensuada que busque un mejor balance de poder entre regulados y regulador.

Finalmente, la lucha entre sistema financiero formal (bancario) y no formal (cooperativo) es una que viene dándose hace más de 40 años. No se trataba de resolver en una semana un debate que tiene al Perú dividido hace décadas. Lo interesante del último pleno, sin embargo, fue que hoy existe un acuerdo unánime: las cooperativas serán reguladas.

Lo cierto es que detrás del telón de fondo de este espectáculo de encuentros y desencuentros, de ataques sin fundamento y manchas de honra sin menor miramiento, se encuentra una guerra sin cuartel entre dos modos de concebir el futuro desarrollo del país.

Una batalla entre quienes defienden un modelo que agotó sus mecanismos de sobrevivencia hace muchos años, pero gracias al piloto automático y el poder de turno fue mantenido en modo ON. Y quienes exigen cambios radicales al modelo para que no siga favoreciendo a pequeñas cúpulas de poder económico formales, sino que abran la cancha a otros actores con menor riqueza formal, pero con la misma ambición que tienen los más ricos cuando de hacer una defensa de sus privilegios se trata.

En este segundo grupo encontramos posturas radicales que proponen cambiar el modelo por completo (muy al extremo izquierdo de la política). Otros, los más moderados, buscan hacerlo flexible e inclusivo. Esto significa ampliar la cobertura de éxito del modelo, no solo de la cobranza de impuestos, sino de la generación de riqueza.

Un modelo que castra el emprendimiento y el éxito del empresariado emergente no es un buen modelo. Esta es la clave del negocio político hoy en día. Equivoca el MEF su estrategia de gestión y comunicación, por ello, si no entiende que quienes se están enfrentando son dos Perú distintos. Un Perú regional y emergente que espera que la tortilla se voltee, versus un Perú de élites con privilegios que no pueden seguir sosteniendo su poder si no incluyen a más gente.

Si los tecnócratas liberales del MEF ignoran de historia y de pensamiento político, pues será mejor que comiencen a releer el país bajo otra óptica, dejando de lado esos estereotipos que luego expresan en campañas mediáticas que no imaginan ni sueñan el país como un todo, que no conciben la transformación social como una apuesta integral.

Este es el reto hoy. Esta es la tarea de mañana. No más luchas sin sentido que defienden solo intereses de pequeños grupos. El objetivo es ganar todos. Un WIN-WIN como dicen los expertos gerenciales. De otro modo estaremos condenados a seguir autodestruyéndonos, dejándole el camino libre a posturas realmente autoritarias y extremistas. Y si eso sucede, entonces la radicalidad de nuestros políticos de izquierda parecerá un chancay de a medio.

No perdamos la oportunidad de encontrar los consensos adecuados. Hoy, tecnocracia regional y populismo conservador tienen el poder en sus manos. Pongámosle un poquito de conciencia y muchas ganas. Basta de seguir promoviendo enfrentamientos entre quienes fueron desplazados del poder y quienes hoy lo ejercen. De tanto manosearlo, ambos podrían perderlo y hacer del Perú nuevamente un país altamente vulnerable.

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@RuizJC
Juan Carlos Ruiz es sociólogo, periodista y experto en comunicación corporativa y marketing público y político. Actualmente es Vicepresidente Ejecutivo de Pacific Edelman Affiliate en Perú, agencia líder en comunicación y gestión estratégica, que brinda asesoría en prensa y relaciones públicas, marketing digital, asuntos públicos, investigación y desarrollo, gestión social y organización de eventos a diversas instituciones públicas y privadas.

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