Foto: El Comercio

La resistencia a irse del poder demostrada por PPK sorprendió a tiros y troyanos. Una vez más volvió a la carga, como en diciembre, para dar un giro a la situación, esperando hacer inviable la vacancia.

Para algunos analistas, PPK repite ―desde el rincón más oscuro de su larga vida― la táctica de mostrarse muy fuerte en su momento de mayor debilidad. En las 48 horas que precedieron al debate de la vacancia en el Congreso, donde consiguió y consolidó su alianza con Kenji, organizó su defensa con un brillante Alberto Borea. Ganó la batalla al pie del cadalso.

Ahora hay factores que han neutralizado al Fujimorismo en su capacidad de seguir pidiendo la cabeza del Presidente. Por un lado, el indulto amenazado de anulación y la vacancia enfriada hasta un punto de congelación. Si no se resuelve lo del indulto de manera favorable y se sienta a Alberto Fujimori en un banquillo ominoso como el del caso Pativilca, Keiko y Kenji estarán en problemas. Keiko, porque su baja en las encuestas la obliga a defender a su progenitor. Al público no le gusta nadita el abandono de Alberto a su suerte. Kenji, por su lado, va robando congresistas del campo de su hermana, pero corre tremendo peligro. Que sienten a su padre en el juicio Pativilca neutraliza los efectos del indulto para todo efecto práctico. Él y sus aventuras se pierden en la narración heroica de la liberación de su padre y quedan como víctimas de una derrota política y destructores de la bancada de Fuerza Popular. Es una situación de pierde―pierde, nadie gana.

Sobre esa situación, un taimado PPK, aprovecha para mantener a Kenji como rehén a su lado y  ―vía la Premier― sigue en activas negociaciones con Keiko para darles espacio en el Estado, que con todo gusto empiezan a ocupar. Todo a cambio que no pase nada después de los soplos del infame Jorge Barata. Difícil salvarse si este ratifica que PPK hizo negocios desde altos cargos públicos. Un Presidente al cual la gente identifica con Pinocho, difícilmente puede evadir ser impopular.

La política peruana es como el «Callejón de la última puñalada», entras pero no sabes si sales. Así de cruel es el sistema de equilibrios y chantajes, creado por la ignorancia política, la indiferencia ante la suerte de los pobres (recordar Piura), y la devaluación del ejercicio democrático del poder. Somos una democracia al pie del CADALSO.

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