Los tiempos de PPK

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Foto: América TV

A los 80’s «el tiempo» y «cómo pasa el tiempo» es diferente de cuándo se tuvieron 30, 40, 50 o incluso 60. El corto, mediano y largo plazo tiene otra dimensión. La esperanza (mezcla de «esperar” y de “confianza», algo así como “esperar con confianza”) tiene un sentido más próximo y realista; la paciencia no es una virtud ni un hábito sino una enfermedad crónica; y la terquedad (mezcla de soberbia y capricho) es un ataque de asma que el “puff” ya no mejora.

Los 80´s son por tanto diferentes, las ansiedades y arrebatos pasan; llega el sosiego y la reflexión; la severidad ha desaparecido y ha crecido una “otoñal condescendencia”; y, así va pasando el tiempo…

Ojo, nada de eso es malo ni extraño, el problema aparece cuando te das cuenta que tienes 80´s y eres el padre de un hijo adolescente. PPK (casi) tiene 80 y el Perú es un país adolescente. Y, como dicen en la Península: “No hay color”.

No se trata de un problema generacional, es la vida misma, se trata de la sintonía, del lenguaje, de los gestos, de la empatía, de las necesidades, de las voluntades, de las expectativas, de los sueños, de las fuerzas, de los temores, del entorno, de los medios, etc.

Para quienes como yo nacieron en los 60´s y, por tanto, somos de la Generación de los 80’s, los “X”, PPK podría ser nuestro padre, pero me resisto a creer que lo que está haciendo sea “malcriar a nuestros hijos”; es decir, a sus nietos. A mi generación en particular, nos ha costado mucho sacrificio ver al Perú donde está, derrotar al terrorismo y el realizar el “milagro económico”, por mencionar dos aspectos destacables, no han sido logros sencillos de alcanzar.

Sin embargo, la lacra de la corrupción que hoy gangrena nuestra alicaída política sigue mostrándonos su rostro más desagradable y como en una fiesta dantesca, aparecen cada día más infectados. Uno de ello sería, según Marcelo Odebrecht, el propio PPK, quien habría sido consultor de la empresa y además beneficiario de aportes durante las dos campañas presidenciales precedentes, incluida la que lo llevó a la Presidencia de la República.

La alegría que nos ha ofrecido la Selección de Fútbol (“circo”) sirve hoy para revivir la incomparable satisfacción de volver al Mundial; y, si bien “le viene como anillo al dedo”, pues distrae la atención popular de sus diarios pesares (“pan”), todos sabemos que no será suficiente si realmente no se muestra un sólido liderazgo y se deslinda de la corrupción de forma clara y contundente.

No permita usted, señor Presidente, que lo embarguen ni la soberbia ni la terquedad. Sea usted el director de orquesta que necesitamos, de el “golpe de timón” que las circunstancias le demandan sin demora y, finalmente, con la vista al frente, mano firme y decisión, impida que se detenga el desarrollo del país y volvamos a los años oscuros de la violencia y el caos económico. Para esta tarea nos tendrá a todos, ¡hágalo pronto!

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