Las comparaciones entre Valentín Paniagua y Francisco Sagasti van más allá de los exactamente 20 años de diferencia que separaron sus designaciones como presidentes de la República.

Ambos personajes fueran los gallos de tapada con los que el país zanjó largas crisis políticas. Pero mientras Paniagua fue el digno acciopopulista que emergió como una sobria carta republicana, Sagasti reemplazó a otro acciopopulista que tomó por asalto el poder para ser eyectado seis días después.

El retiro de la precandidatura presidencial de Alfredo Barnechea por Acción Popular oficializa el nuevo desastre que enfrenta el partido fundado por Fernando Belaunde Terry, menos de dos años después de que Jorge Muñóz lo reposicionara al alcanzar la alcaldía de Lima y antes de un año de la elección del nuevo parlamento en la que primera minoría de Acción Popular cifró las esperanzas en una conducción que hiciera olvidar al Congreso anterior.

Martín Vizcarra responderá por sus errores. Pero que un político de la mediocridad de Manuel Merino de Lama fuera el hombre escogido para estar al frente de aquella tarea ofreció señales tempranas de los problemas en el partido.

Paradójicamente, los bonos de AP se alzaron mientras dentro continuaban las luchas intestinas, con Yonhy Lescano en la encarnación del ala zurda que Barnechea y Raúl Diez Canseco buscaban bloquear. Esas diferencias terminaron con el retiro de la precandidatura de Diez Canseco justo antes de su inscripción, con plan de gobierno y todo.

Pero tanto Diez Canseco como Víctor Andrés García Belaunde bendijeron con su presencia en el Congreso la cuestionada juramentación de Merino como presidente de la República. Ambos fueron sus colaboradores cruciales en las primeras horas y Diez Canseco armó personalmente la lista de integrantes del Consejo de Ministros. El ex congresista Edmundo del Águila, quien pasó a representar la tendencia de Diez Canseco con su precandidatura, aprobó públicamente la vacancia de Vizcarra y el reemplazo de Merino.

Lescano, en cambio, tomó distancia de la farsa desde el primer momento. Mesías Guevara, presidente en funciones del partido y gobernador regional de Cajamarca, también. Pero quedó en claro que aquí la bancada era la verdadera jefatura de AP.

Aunque no fuera un militante con historia, la renuncia de Muñóz al partido puso un clavo en el ataúd. El mencionado alejamiento de Barnechea martilla otro.

La cancha está casi libre para Lescano, que intentará desde el lado más provinciano detener el entierro. El ex congresista puneño intentará, más bien, dejar en el pasado los vergonzosos  chats de la “delantera” que sirvieron para armarle un expediente por acoso sexual. Los chicharrones de Barnechea serán puro lomo comparación al cebo con hueso de la próxima campaña.

Curiosamente, los valores que representaba Paniagua están mejor administrados en un colectivo de jóvenes profesionales como el Grupo Valentín, que opera, como no podía ser de otra manera, fuera del partido. La larga decadencia de AP todavía no encuentra su punto de inflexión.

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