George Forsyth es un precandidato que plantea más preguntas que respuestas.

A estas alturas cuenta con más del 20 por ciento de la intención de voto. Entre el doble y el triple de sus competidores más cercanos.

Todo indica que, a sus 38 años, será el candidato presidencial más joven de la cédula de votación. Pintón y gringo con esquina, ex arquero del Alianza, Forsyth se mueve como pez en el agua en los programas de farándula y tuvo su momento estelar como alcalde de La Victoria con la recuperación del emporio textil de Gamarra.

Un récord que lo pone a la expectativa entre un electorado supuestamente antipolítico y obliga a su estrategia a plantearse los caminos para mantener ese liderazgo y comprarle la entrada a la casi segura segunda vuelta.

Pero sus debilidades saltan tanto a la vista como su sonrisa.

Empeñoso, Forsyth ha venido estudiando la carrera de Administrador de Empresas por las noches. Explica que sus compromisos deportivos y empresariales le impidieron hacerlo antes pero sabe muy bien que un presidente de la República sin título universitario es una muy mala idea.

Esa carencia lleva a la pregunta de fondo: ¿Qué cosa es “Forzay” más allá de un eslógan de campaña?

Un primer esfuerzo acaba de llegar con el ideario de Victoria Nacional.

Se trata de un documento de 12 páginas y 26 numerales.

Difícil rebatir los “qué” aunque todavía no tengamos los “cómo”. Ni una línea, por ejemplo, sobre el relacionamiento con el Congreso atomizado que se vuelve a venir.

En su postulado de misión VN se presenta como “un partido político democrático y popular que busca la transformación del Perú en una patria libre, justa, equitativa, competitiva y solidaria, proyectada al mundo como líder de un modelo de desarrollo sostenible afincado en el ejercicio igualitario de la libertad, la pluralidad cultural y religiosa, y la protección del ambiente y el equilibrio ecológico”.

Postulan “tolerancia cero con la corrupción” (las compras estatales deben hacerse con mecanismos que aseguren la mayor concurrencia de postores”), “economía formalizada, competitiva y diversificada para generar empleos dignos”, “planeamiento estratégico territorial para un desarrollo sostenible”, “agua limpia y seguridad alimentaria”…Todos puntos que a estas alturas serán obligados en la mayoría de candidaturas, así como el respeto irrestricto al sistema democrático que encabeza el texto.

Pero hay intentos diferenciadores.

El énfasis en la “economía social de mercado sin mercantilismo” es uno. La genuina competencia basada en “el perfeccionamiento de mercados” y la “política antimonopolios” busca centrar a VN en el espectro de opciones.

De otro lado, la promoción de la dimensión de planificación del Estado también reposiciona el papel de lo público en el centro de la conversación, aunque al mismo tiempo se propongan “eliminar toda barrera burocrática ilegal e irracional que afecte la iniciativa privada y la inversión”.

Importante que apunten que la descentralización “mal llevada puede convertirse en una traba insalvable y en fuente de corrupción y despilfarro de recursos”. Sobre todo, en momentos en los que la promesa regional se estrella en la figura del Presidente de la República y su ex primer ministro preso, ambos ex gobernadores regionales.

Algunos puntos cruciales se quedan muy poco desarrollados -Educación y Salud para empezar-, pero el último acápite sobre la nueva concepción de seguridad nacional post-pandemia enumera una lista de diez objetivos principales entre los que están la reducción drástica de la informalidad empresarial y laboral, un “sistema robusto de salud preventiva que tenga como base la disponibilidad de agua limpia en todos los hogares, un servicio de transporte público ordenado y subsidiado.

Comentario aparte merecen otras metas como “la sustitución creativa de importaciones de insumos y productos alimenticios, medicinales y sanitarios por una oferta interna competitiva” y el “fomento de nuevos patrones de consumo alimentario y sanitario que impulsen la oferta interna”: quienes critican a Forsyth como la nueva fachada caviar pueden ir sacando sus galletas para comenzar a servirse por ahí.

Es un ideario que, como el candidato, motiva muchas nuevas preguntas. Pero al menos el cuestionario comienza a afinarse.

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Politólogo con maestrías en Periodismo y Estudios Latinoamericanos. Conductor y entrevistador en TV Peru. En 20 años pasó por casi todas las oficinas de Caretas. También ha hecho radio en RPP y 1160, y fue jefe de redacción del semanario colombiano Cromos.

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