Hace 3 semanas, en octubre, el Centro Wiñaq presentó una estimación según la cual el 47% de la población en Lima ya había sido contagiada de COVID-19.

El cálculo le siguió al estudio de prevalencia que realizó en julio el Ministerio de Salud, según el cual el 25% ya había tenido la enfermedad.

El salto de julio a octubre no suena desmesurado. En la tercera semana de setiembre se produjo el pico de casos activos en el país, con casi 170 mil.

Ahora, a principios de noviembre, ese número se ha reducido a un poco más de 41 mil. Menos de la cuarta parte.

A ello se añade el nuevo estudio de seroprevalencia practicado en octubre a nivel nacional, cuyos resultados fueron anunciados por el primer ministro Walter Martos para estos mismos días.

Martos declaró el 26 de octubre que los números preliminares indicaban que el 35% de peruanos ya había sido contagiado.

El dato impresiona, pues hasta hoy, 4 de noviembre, han sido oficialmente detectados -con pruebas moleculares y rápidas- “solo” 908,902 casos en el Perú. Y se han contabilizado 34,623 muertes por coronavirus en el país, aunque se estima que el número real superaría los 80 mil.

A la luz de este momento, relativamente alentador a pesar de la cautela que debe primar para enfrentar la pandemia, se aborda la pregunta sobre las nuevas olas de la pandemia.

En España, por ejemplo -un país de 46 millones de habitantes, el 50% más que el Perú-, se han venido detectando picos de más de 25 mil casos en los últimos días, más de 10 veces de lo que se viene dando en el Perú, a pesar de que España fue uno de los países más castigados en la primera ola del virus y, hoy por hoy, ambos tengan un total similar oficial de fallecidos (poco más de 38 mil en el caso de España).

Una primera diferencia fundamental con el Perú son los resultados de la seroprevalencia. Ese porcentaje preliminar de 35% en el Perú no llega al 8% para el caso de España, según recientes cálculos dados a conocer por su primer ministro Pedro Sánchez.

En España y otros países europeos el virus tiene todavía mucho techo en el cual expandirse. A pesar de las medidas preventivas tomadas, se han dado posibles explicaciones como mayor cantidad de reuniones en sitios cerrados con el descenso del clima, y la consecuente falta de ventilación por las temperaturas más frías.

La situación devuelve al debate el concepto de inmunidad de manada, sobre el que tantas especulaciones se virtieron, como con todo lo relacionado con la pandemia.

Sin ir muy lejos, la famosa inmunidad volvió a ponerse sobre la mesa para casos como los de las ciudades de Manaos, en Brasil, e Iquitos, en Perú; donde los contagiados habrían estado en el orden de 66%-70%.

La promesa de la inmunidad de manada fue asumida por populistas como Donald Trump, lo que ha sido considerado terriblemente irresponsable por la comunidad internacional de epidemiólogos debido al costo en vidas humanas que significaría.

Según una investigación de la Universidad de Estocolmo publicada en la revista Science, los modelos básicos sugieren que la inmunidad de manada en el COVID 19 se alcanza en torno al 60%. La lógica es esta: donde toda una población es susceptible de contagiarse, una persona infectada contagiará a un promedio de 2.5 personas más. Si un 60% de esas 2.5 personas son inmunes, solo puede darse una nueva infección y el brote no crecerá.

Pero uno de los autores del estudio, Pieter Trapman, explicó en octubre en el portal científico The Conversation que esos modelos “asumen que todos en una población interactúan en el mismo grado y al azar. No es realista. En nuestra investigación, tratamos de reflejar algo de la diversidad de conducta encontrada en poblaciones humanas para mostrar que efecto podría tener en alcanzar la inmunidad de manada”.

Los investigadores tomaron en cuenta dos factores centrales: sociabilidad y edad, para calcular que, en el caso del nuevo coronavirus, la inmunidad de manada podría alcanzarse cuando los infectados llegan a ser 46.3%. Sustancialmente menor al 60% de los mencionados modelos básicos.

Según el estudio, cuyos autores resaltan que no es concluyente, en poblaciones que hayan alcanzado ese porcentaje de infección la contención del virus sería posible con el cumplimiento de restricciones moderadas en el comportamiento social.

Por cierto, resulta inevitable comparar ese estimado de 46.3% con el 47% en Lima calculado por el Centro Wiñaq en el caso de Lima.

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