Cambie sus sandalias por zapatillas. Al menos por el momento. El gobierno emitirá un Decreto Supremo la próxima semana y la tendencia que se ha impuesto es cerrar el acceso a la playa -la arena- por dos semanas, mientras que se podrán seguir usando los espacios aledaños -vías y malecones- para practicar deporte.

La idea es tomarse este tiempo para medir la respuesta del público y luego ver cuán posible será comenzar a meter los dedos en el agua. Y cómo.

En resumen, legalmente podrá ver una romántica puesta de sol frente al mar, aunque las mascarillas impidan los besos. Pero no podrá poner un pie sobre la playa.

Como lo ha explicado el ministro de Defensa, Jorge Chávez Cresta, el objetivo es evitar que las playas se conviertan en el nuevo foco de contagio del COVID-19. Que la segunda ola venga, literalmente, del litoral.

Ya se sabe como es. En la playa la gente se relaja. Hay comida y muchas veces trago. Despreocupados escupitajos en la arena. Para los casos de las playas más concurridas de la Costa Verde, como Agua Dulce, cada centímetro disponible es usualmente ocupado en los fines de semana de la temporada de verano. El distanciamiento social es tan difícil como alcanzar consensos políticos.

Las conversaciones han tenido en cuenta a los seis alcaldes cuyos distritos atraviesan la Costa Verde. Otro como el de Punta Hermosa demanda que, en el caso de este balneario, el ingreso a las playas sea solo para residentes. El gobierno estima que lo lógico es que la política sea una sola para todas las playas. Y el Estado de Emergencia faculta a tomar una decisión unificada.

Un espejo del futuro puede verse en Europa, que se prepara para revivir el escenario dantesco de hace algunos meses con la baja de las temperaturas. En verano las masas se volcaron a las playas. Hoy, en pleno otoño, Francia anunció la reimposición del estado de emergencia y el toque de queda. Alemania, Portugal y el Reino Unido se encuentran en estado de alerta y anuncian nuevas restricciones con el fin de evitar el retorno de los confinamientos. Cataluña, paraíso playero durante la canícula ibérica, cerró de nuevo bares y restaurantes.

La actividad nocturna y social reiniciada con pocos controles ha sido señalada como el factor central en el recrudecimiento del coronavirus. Habría que establecer con un poco más de certidumbre si las playas cumplieron también un rol determinante.

A ello se añaden otros factores de riesgo como el transporte público a la playa, tal como lo advirtió aye ren DEPOLÍTIKA el ex ministro de Salud, Víctor Zamora.

Hubo otras experiencias europeas donde sí se impuso el distanciamiento playero, como fueron los casos de Italia y Grecia, con sombrillas a metro y medio y patrullas vigilantes del cumplimiento de las normas. En ciudades como Rio de Janeiro ya era usual antes de la pandemia ver a efectivos militares con armamento pesado circular por Leblon y Copacabana.

En suma, se entiende que en este período sean implementadas medidas preparatorias para abordar la temporada de verano. También que la vida sea puesta por delante de todo. Pero hace meses que se viene diciendo desde todas las tiendas que se debe convivir con el virus. Este año el PBI peruano solo caerá menos que el de Venezuela en la región. El trauma de la pandemia debe convertirse también en una oportunidad para propagar el virus del civismo y las capacidades sociales de cumplir con normas que beneficien a la comunidad y las poblaciones vulnerables. Porque sino nos sentamos a esperar la vacunación total. Y vamos comprando mangueras para aguantar el calor.

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