Parecía una charapa recia. Propicia para estos lares y estas circunstancias. Resulta que en la selva peruana la tomaban casi casi como agua de cocona (bueno, es una exageración propia de la exuberancia amazónica). Primero unos dijeron que era una bestialidad recomendar su uso porque la consecuencia era promover la temida automedicación. Pero en todo momento quienes vieron con responsabilidad una luz al final del túnel advirtieron que su uso debía ser recetado por un médico, y que la esperanza se abrigaba solo para los primeros momentos de la enfermedad. Si la cosa se complicaba no quedaba más que oxígeno, corticoides y, de ser creyentes, la oración.

El hecho es que en las semanas y meses siguientes los noticieros multiplicaron los reportajes del uso de este antiparasitario muy barato. Aparecieron muchos pacientes y medicos que narraron como su prescripción en el primer nivel les ayudó, o eso creían, a mantener a raya los síntomas apenas el nuevo coronavirus era detectado.

Ganó terreno y terminó en los kits de tratamiento repartidos en bolsitas de papel. Pero ahora terminó esa historia de amor tropical. ¿O no?

El estudio preliminar presentado por el Instituto de Evaluación de Tecnologías en Salud e Investigación (IETSI) encontró que el uso combinado de la hidroxicloroquina y azitromicina en pacientes hospitalizados -los otros dos medicamentos del kit- incrementaría el riesgo de fallecimiento, ingreso a UCI e incluso de uso de oxígeno. El estudio tampoco encontró que la ivermectina, sola o combinada con los otros dos, ayudase a la mejoría de los hospitalizados.

La divulgación del estudio del IETSI provocó que Fiorella Molinelli, presidenta de EsSalud, despidiera a la directora del instituto, Patricia Pimentel, por lo que consideró insuficiencia de rigor en la investigación. Pero la ministra de Salud, Pilar Mazzetti, retiró los tres medicamentos para los pacientes hospitalizados por COVID.

La ivermectina, sin embargo, sigue siendo administrada en el primer nivel de atención. Entrevistado por DePolítika, el ex ministro de Salud Víctor Zamora aclaró que, si bien el medicamento no causa ningún daño a las personas, sería hora de retirarlo de cualquier nivel del tratamiento contra el coronavirus ya que sus bondades no están científicamente comprobadas. De opinión muy distinta es Ciro Maguiña, infectólogo y vicedecano del Colegio Médico -poco amigo del doctor Zamora, hay que reconocerlo- que me respondió que el uso sobre el terreno de la ivermectina sí viene mostrando resultados importantes en pacientes que no han sido hospitalizados. Maguiña criticó a una eminencia de medios como el doctor Elmer Huerta, que se ha ido con todo contra la ivermectina: “está equivocado porque es oncólogo y está en Washington, critica hace tiempo en forma sesgada y no observa el esfuerzo de los médicos en el primer nivel del Perú, particularmente con la ivermectina. Dice que no sirve para nada, pero lapidar y decir que les den paracetamol con caldito es no ver la realidad”. Maguiña menciona estudios en ciernes al respecto en el Perú, Ecuador, Chile, “y un estudio muy bonito en Argentina hace dos semanas”. A ello se suma las declaraciones que Alfonso Zavaleta, docente como Maguiña de la Cayetano Heredia, que cifra en alrededor de 40 los estudios en marcha, aunque hasta ahora no sean concluyentes. Experimentos in vitro mostraron resultados prometedores en células infectadas.

Como tantos capítulos en el libro negro que el mundo ha vivido este año, el de la ivermectina todavía no termina de escribirse. Seguimos a la espera del final feliz que se imprima con la bendita vacuna. Maldita boa.

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