El premio Nobel de Economía otorgado a los estadounidenses Paul Milgrom y Robert Wilson guarda una peculiar pertinencia para la erosión institucional peruana. Los académicos fueron reconocidos por sus aportes a la teoría de las subastas y sus invenciones de nuevos formatos en el rubro, las que han tenido grandes aplicaciones prácticas en las sociedades.

Hoy el Perú pasa por una nueva conmoción política relacionada con licitaciones regionales que tienen las características de subasta inversa. En una subasta convencional, los compradores pujan por obtener el producto en juego mediante el ofrecimiento de precios cada vez más altos. En la versión inversa, gana -de manera predominante- el proveedor que le ofrece al Estado el presupuesto más bajo para costear una obra.

Milgrom y Wilson no llegaron a Moquegua. Porque muy poco de eficiente puede tener el modelo que, una vez más, le ofreció aparentes y amplios espacios a la corrupción. El señalamiento de un aspirante a colaborador eficaz contra el actual presidente Martín Vizcarra es sumamente grave.

Según el aspirante, presuntamente Elard Tejeda, el ex gerente de la constructora Obrainsa, en noviembre de 2014 Vizcarra le filtró información relevante para la licitación de una obra de irrigación en Ilo. Su propuesta no debía pasar de los S/.81 millones, a pesar de que los términos de referencia iban hasta los S/.90 millones. El proceso fue administrado por UNOPS (Oficina de las Naciones Unidas de Servicios para Proyectos) pero con las especificaciones otorgadas por el gobierno regional que jefaturaba Vizcarra. La reacción del actual presidente de pasarle la pelota instantáneamente a UNOPS se queda corta frente a sus usuales reflejos políticos.

Como lo ha reiterado el penalista César Azabache en DEPOLÍTIKA, Vizcarra se ha puesto en la difícil obligación de sustentar cómo las dos reuniones que reconoce haber tenido en las oficinas de Obrainsa en enero y abril de 2014, que según el aspirante a colaborador fueron para entregarle S/.1 millón en dos partes, se justificaron en los aspectos “técnicos” del proyecto licitado.

Aparentemente, las “energías institucionales”, como las define Azabache, ya no alcanzarían para un nuevo intento de vacancia presidencial. A ello se suma el inicio del calendario electoral en medio de una pandemia. Y esa podría ser la buena noticia del momento: la posibilidad de darle al país una estabilidad mínima y que el primer mandatario enfrente a la justicia al terminar su período de gobierno. Los hechos en investigación se dieron antes de ser presidente de la República y no corren el riesgo de prescribir, pues ese cronómetro se detiene mientras lo protege el blindaje constitucional de su cargo actual.

De comprobarse estas serísimas acusaciones, algún psicólogo peruano debería estudiar el caso para ganarse el Nobel de Medicina, que este año acaba de galardonar a los científicos que descubrieron el virus de la hepatitis C. Porque de qué condición mental podríamos hablar si es que el ex primer ministro César Villanueva impulsó la vacancia de Pedro Pablo Kuczynski por su conflicto de interés con Odebrecht, cuando él mismo habría recibido aportes ilegales de los brasileños. Y qué se terminará por decir del principal beneficiado con esa renuncia, que se ciñó la banda presidencial a pesar de, según un aspirante a colaborador eficaz, haber recibido sobornos de constructoras de otro malhadado club también relacionado con el método brasileño.

La promesa del poder puede provocar negaciones de carácter clínico. Y este Prometeo peruano amenaza con devorarse a todos sus hijos.

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Politólogo con maestrías en Periodismo y Estudios Latinoamericanos. Conductor y entrevistador en TV Peru. En 20 años pasó por casi todas las oficinas de Caretas. También ha hecho radio en RPP y 1160, y fue jefe de redacción del semanario colombiano Cromos.

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