Foto: Agencia AP

Cavalier. La palabra comenzó a aparecer con más fuerza entre los medios estadounidenses para resumir el estilo de gobierno de Donald Trump. La traducción más próxima invitaba a confundirlo con lo caballeroso. Pero corresponde más bien al desdeñoso y arrogante. Curioso, por cierto, que al mismo término se apliquen significados opuestos.

Lo de cavalier se ha vuelto a multiplicar en las últimas horas a raíz del anuncio del resultado positivo que Trump y su esposa Melania dieron a la prueba del nuevo coronavirus.

Y es que así, arrogante y desdeñoso, ha sido el manejo que Trump le ha dado a la pandemia que en su país se ha cobrado más de 200 mil vidas. Otros jefes de Estado y gobierno con actitudes similares, como el brasileño Jair Bolsonaro y el británico Boris Johnson, también contrajeron el virus y luego retomaron sus funciones.

Pero en este caso no enfrentaban una reelección cuesta arriba apenas 32 días después del anuncio. Los 74 años y 110 kilos de peso de Trump, además del sedentarismo y los hábitos alimenticios cuestionables, lo ponen entre la población vulnerable (a su favor, es abstemio).

Tras el demencial debate presidencial de esta semana, el diagnóstico podría darle una ventaja adicional al candidato demócrata Joe Biden, que ya lo aventajaba por alrededor de 7 puntos en las encuestas. Lo cavalier retorna como un búmeran en carne viva por no tomar en serio una emergencia de tal magnitud.

El actual presidente, sin embargo, ha encontrado eco en un electorado que convirtió la mascarilla en un símbolo contra las libertades personales sobre las que se fundó Estados Unidos. Una particular distorsión de valores que coincide con la degradación de la era Trump, donde el racismo se desemboza como esos ciudadanos de la América profunda que tiran al piso sus K-95.

Según especialistas, la próxima semana será clave si la enfermedad le complica -literalmente- la vida a Trump. Los efectos son inciertos sobre el tramo final de campaña, del que, al menos en un segmento, estará forzadamente ausente. Solo cabe imaginar el incendio sin control en su cuenta de twitter.

Ya hay quienes advierten que esa ausencia puede servirle de excusa perfecta si es que pierde las elecciones. Pero también cabe la posibilidad de que vuelva rápido al circuito para confirmarle a sus votantes la firme existencia de la conspiración del resfriado.

Compartir
Artículo anteriorCaso Swing y las consecuencias del quinquenio
Artículo siguienteAlpaca Tyson pone contra las cuerdas al COVID-19
Politólogo con maestrías en Periodismo y Estudios Latinoamericanos. Conductor y entrevistador en TV Peru. En 20 años pasó por casi todas las oficinas de Caretas. También ha hecho radio en RPP y 1160, y fue jefe de redacción del semanario colombiano Cromos.

Deja un comentario