Imagen: parquesalegres.org

Siempre escuchamos la palabra líder y vienen a nuestra mente personas con carisma, seductores de masas que dirigen un partido político, un grupo social, organización o una colectividad.

En el ámbito laboral reconocemos como liderazgo ciertas habilidades gerenciales y/o directivas que presentan algunas personas con cierto nivel de jerarquía, para direccionar un equipo de trabajo hacia un mismo objetivo.

Recordemos que el término líder viene siendo una forma derivada de la raíz leden que significa viajar, guiar o mostrar el camino.

Desde la antigua Grecia, los filósofos proponían un modelo de líder con valores que solo se daban a seres privilegiados, dotados de virtud y excelencia. En la Ilíada y la Odisea valoraban en un líder el heroísmo, la fuerza y las cualidades morales y espirituales como la prudencia, astucia, nobleza de espíritu y el sentido del deber.

Cabe aclarar que no sólo el ser líder se presenta en personas con excelentes rasgos de personalidad, privilegios o popularidad. En la actualidad se reconoce el liderazgo como una competencia humana, que debemos gestionar de manera eficiente para obtener los mejores resultados.

Entonces…

¿Por qué únicamente se fomenta potenciar el liderazgo en unas cuantas personas?

Realmente todos los seres humanos tenemos las mismas capacidades fundamentales, es cierto que algunos tendrán mayor destreza que otros, pero todos contamos con la semilla de cada competencia, dependerá de nosotros regarla y hacerla crecer, para potenciar su desarrollo y aplicabilidad.

Robin Sharma en su libro ¨El líder que no tenía cargo¨, plantea una forma diferente de abordar el liderazgo, determinando la importancia de realizar un autoliderazgo haciendo lo mejor y máximo posible en cada situación, todo esto lo basa en 4 fundamentos:

  • No hace falta tener un cargo para ser líder.
  • Los grandes desafíos crean grandes líderes.
  • Cuanto más genuinas y reales sean tus relaciones, más fuerte será tu liderazgo.
  • Para ser un gran líder primero hay que ser una gran persona.

Nos deja como enseñanza que el liderazgo se relaciona principalmente con la excelencia de la labor que realicemos y el comportamiento que tengamos, motivando constantemente a los compañeros de equipo y a la gente que atendamos, sea cual fuere el puesto y/o escenario en el que nos encontremos.

“El éxito y el liderazgo te pertenece por derecho, simplemente por haber nacido”.

¿Pero qué ocurre cuando veo y siento que esa capacidad de liderazgo ya no es exclusiva de mi jefe?

Diría que desde siempre todos hemos tenido ese ¨protagonismo¨, según las circunstancias en mayor o menor medida, pero ahora se hace más real, evidente y no negociable debido a los grandes cambios que ha traído la pandemia, reconociéndome como líder en diferentes facetas desde un mismo lugar.

¿Qué debo hacer entonces ahora?

Trabajar mi marca personal y mi esencia (sea en casa, en la empresa, organizaciones o en la vida), buscando ser ese líder al que querrán seguir, el que causa admiración, el que genera empatía, el que es congruente en lo que piensa, dice y hace.

El gran desafío, siendo responsables como persona y como profesional, está en ser aún más conscientes de la necesidad de autogestionarnos, autorregularnos y permanecer en formación constante para potenciar las habilidades que requerimos e identificar los diferentes estilos de liderazgo que se deben combinar, para convertirnos en el líder que queremos y necesitamos ser, para trabajar de forma colaborativa en un mismo contexto, procurando mantener un equilibrio y armonía al estar todos juntos desde casa.

Comparto unos tips que te ayudaran a ser un buen líder, trabajando para ti y para tu familia desde tu centro de operaciones: tu hogar.

  • Reconócete contigo mismo.
  • Implementa estrategias que faciliten la dinámica familiar, generando el compañerismo y el trabajo en equipo.
  • No juzgues y tampoco impongas tu voluntad, busca llegar a acuerdos.
  • No critiques, ayuda a mejorar los puntos débiles.
  • Educa sin lastimar.
  • Promueve la salud física y mental.
  • Trabaja de forma colaborativa.
  • Comunícate de manera asertiva.
  • Actúa de manera coherente. No sólo hables, da ejemplo.
  • Aporta ideas para generar soluciones y no problemas.
  • Asume una actitud proactiva.
  • Reparte la carga entre todos los miembros del equipo. Cuidarse mutuamente y ayudarse entre sí es importante.
  • Desarrolla constantemente autocontrol emocional, flexibilidad y adaptación al cambio.
  • Motiva de forma constante.

Todo funciona como el vuelo en “V” de los gansos, no sólo uno lleva la batuta y dirige, pues se obtienen siempre mejores resultados respetando y apoyándose en los momentos difíciles, reemplazando y asumiendo nuevos roles, escuchando palabras de aliento que dan fuerza y motivan, para hacer realidad el espíritu de equipo y cumplir el objetivo.

Desde donde te encuentres puedes ejercer tu rol de líder, seas empleado, independiente, directivo, estudiante, padre o madre de familia, no es un tema únicamente organizacional, es una competencia de vida.

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Psicóloga experta en Selección, Consultoría, Gestión de Planes de Carrera y Outpl@cement; con estudios en Programación Neurolingüística, formación en manejo de pruebas y evaluación por Competencias. Más de 15 años de experiencia en Recursos Humanos liderando búsqueda de Talento y Head Hunting en LATAM para perfiles tácticos y estratégicos.

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