Foto: Andina

Si los cálculos políticos funcionaran siempre sobre el papel, el anuncio de la alianza entre el Partido Morado y Fuerza Ciudadana sería una noticia verdaderamente importante. Según la explicación, se trata de un esfuerzo para construir una plataforma de centro democrática, descentralista, amplia y plural que incorpore a “republicanos progresistas y liberales con una agenda común”. En FC, donde desde el año pasado se reúnen el Partido Descentralista Fuerza Social y el movimiento Ciudadanos Por el Cambio, confluyen actores usualmente identificados con la izquierda moderada como Salomón Lerner Ghitis, Gustavo Guerra-García y Susel Paredes.

Los morados, liderados por Julio Guzmán, cuentan con una bancada de solo 9 congresistas que, a pesar de algunos conflictos internos, ha sido probablemente la que más ha puesto en práctica el sentido común en los últimos meses.

Esto ocurre cuando las posibilidades presidenciales de Guzmán parecen estar impresas en un periódico de ayer. Días antes de las elecciones parlamentarias le dieron con el torpedo de un, literalmente, incendiario choque y fuga. Su partido acababa de romper palitos con el ex congresista Daniel Mora, que se había visto envuelto a su vez en una penosa situación familiar, y el detalle de la denuncia hizo pensar que esta provenía de una fuente tan enterada como vengativa.

A Guzmán le siguen sacando memes con extinguidores y él ha reconocido el daño hecho a su organización, aunque cabe recordar que, luego de su trunca candidatura del 2016, no había recuperado números importantes en las encuestas. A pesar de ello, se puso a la esforzada tarea de la inscripción propia y se hizo de jales como Francisco Sagasti y Gino Costa.

Más allá del potencial del presunto candidato (4% según la última encuesta de Ipsos), acercarse a actores relacionados con bases y movimientos de esa izquierda refuerza el perfil del PM y le abre la cancha en el espectro. El Perú post-2000 ha visto en esa vertiente a actores nómades que colaboraron en triunfos como los de Alejandro Toledo, Ollanta Humala y Susana Villarán. Los “caviares” que han organizado en parte el crucial sentimiento anti fujimorista y también un sector del voto zurdo.

Pero el 2016 la ecuación se terminó de romper con la candidatura de Verónika Mendoza, una propuesta de izquierda mucho más tradicional que por muy poco no pasó a la segunda vuelta. Y la hacía si sumaba los votos del hoy preso Gregorio Santos, todavía más a la zurda. Hoy la izquierda casi no es registrada en las encuestas tempranas, como curiosamente suele pasar. Pero en medio de una pandemia que ha puesto en evidencia las falencias sociales del que fuera el milagro peruano, habría que ser iluso para pensar que no hay allí millones de votos en pelea.

Compartir
Artículo anteriorPublicidad electoral 2021
Artículo siguienteLos emprendedores y las barreras
Politólogo con maestrías en Periodismo y Estudios Latinoamericanos. Conductor y entrevistador en TV Peru. En 20 años pasó por casi todas las oficinas de Caretas. También ha hecho radio en RPP y 1160, y fue jefe de redacción del semanario colombiano Cromos.

Deja un comentario