Imagen: simbolografico.es

Un aspecto medular del vía crucis político peruano de los últimos años que ha sido poco subrayado por los grandes medios es el de la relación entre la publicidad electoral y la corrupción. Buena parte del escándalo Lava Jato en el Perú se sustenta en la demanda de las candidaturas por cantidades crecientes de dinero en efectivo para garantizarse exposición, con la necesidad cada vez más apremiante a medida que se acerca la fecha de las elecciones.

El salto exponencial se vio en los últimos años. Según los cálculos de la organización civil Transparencia, los ingresos obtenidos por las organizaciones políticas para la campaña del 2006 superaron los S/ 24.6 millones. El negocio se disparó en la campaña siguiente del 2011, con S/ 62.9 millones -el año de los mega aportes brasileños a la campaña de Ollanta Humala y Keiko Fujimori, y colaboraciones sustanciosas para otros- y se mantuvo en el último proceso general de 2016, que sumó casi S/ 63.8 millones. Y eso que en esta última ocasión Marcelo Odebrecht ya estaba entre rejas, así que cabe destacar que las grandes billeteras no se abrieron por allí.

Ojo que en el 2011 los gastos de campaña superaron a los ingresos y llegaron a más de S/ 72 millones. Esa vez, como también en el 2016, la publicidad superó el 80% de los egresos. Así que cabe especular que esos grandes medios no han abundado en la vertiente porque fueron beneficiarios mayoritarios.

Por todo eso, así como fue torpemente populista que en el último referéndum el gobierno promoviera la prohibición de la reelección inmediata parlamentaria -como para que el nivel del Congreso actual se repita e incluso descienda en un infernal círculo vicioso-, sí fue una buena noticia que se incluyera la pregunta sobre la prohibición de contratación de publicidad privada en televisión y radio. En su reemplazo, el Estado deberá ampliar la franja electoral y repartirla de manera equitativa. Se trata de una modificación de proporciones sísmicas que ya es parte del sistema electoral de otros países de la región, como México.

Tamaño cambio nos mueve a la cancha que se ha abierto de manera cada vez más determinante, que es el de la publicidad digital. Esta no se incluye en la mencionada prohibición y, como ocurre en todas partes, se encuentra significativamente desregulada y concentrada. En el nuevo documental de Netflix, El Dilema de las Redes Sociales, se recogen persuasivos testimonios de objetores de conciencia provenientes de la big tech que denuncian la vinculación entre el oligopolio del mercado publicitario por parte de las grandes plataformas como Facebook y Google, la manipulación de sus millones de usuarios vía algoritmos, y la consecuente pauperización y radicalización del debate público.

Aunque a veces no parezca, en el Perú se vienen dado pasos para mejorar su degradado sistema político. Pero los nuevos desafíos tienen las dimensiones de un hueco negro. Sus expresiones locales se conocerán en la campaña a la vuelta de la esquina.

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Politólogo con maestrías en Periodismo y Estudios Latinoamericanos. Conductor y entrevistador en TV Peru. En 20 años pasó por casi todas las oficinas de Caretas. También ha hecho radio en RPP y 1160, y fue jefe de redacción del semanario colombiano Cromos.

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