El principal problema que tendrán que superar funcionarios y empresarios, si quieren tener éxito en el proceso de reactivación económica iniciado por el Gobierno, es superar el miedo que tienen frente a la convivencia efectiva entre público y privado.

Gestores públicos atribuyen a los empresarios una estereotipada imagen de seres insensibles que priorizan facturación por sobre todas las cosas. Que su afán de lucro les impide ver con sensibilidad la verdadera necesidad de las personas. Que no buscan resolver la pobreza, porque de otro modo no tendrían mano de obra barata para sus empresas.

Si sumamos a esta imagen la existencia de mafias legales e ilegales (“alias empresarios”) que especulan y suben precios de productos esenciales, no luchan contra el contrabando ni la falsificación, despiden a trabajadores y acceden a préstamos bancarios con Reactiva Perú, expresan su compromiso con notas en medios de prensa para publicitar donaciones y no impulsan programas integrales de generación de riqueza; difícilmente podremos cambiar esta percepción por una distinta. Pero sabemos que la mayoría de los empresarios NO es así.

Estos últimos atribuyen a los burócratas una estereotipada imagen de seres incapaces de alcanzar metas con eficiencia y oportunidad. Que no entienden qué es pagar una planilla, porque ignoran cómo funciona la oferta y la demanda. Que están acostumbrados a recibir sus sueldos a fin de mes, así la cuenta esté en rojo, porque nunca quiebran. Que viven de nuestros impuestos y corrompen a los privados, por lo que complican procesos que podrían ser simples. Que son tontos útiles de los políticos de turno. Pero sabemos que la mayoría de los gestores públicos NO es así.

Si sumamos a esta percepción el trauma que dejó impreso en nuestro imaginario popular, el deplorable espectáculo de corrupción mostrado por gobernantes, políticos, funcionarios públicos y grandes empresarios los últimos 30 años, parece que no tenemos ningún futuro. Pero sabemos que eso NO es cierto.

Necesitamos perder el miedo y volvernos a sentar en la mesa, públicos y privados, y ponernos a negociar y a pactar. No arreglos bajo la mesa, sino acuerdos que cumplamos con transparencia y planificación. Sí es posible, lo sé por experiencia personal, porque cuando participé en equipos de Alta Dirección de Gobierno logramos hacerlo realidad muchas veces. La historia reciente no me deja mentir, solo hay que perder el miedo a convivir. Solo hace falta una dosis adecuada de sinceridad estatal, transformación digital y una buena estrategia de asuntos públicos para corporaciones interesadas. ¿Quiénes se animan a dar los primeros pasos?

[También puedes encontrar las columnas de opinión de Juan Carlos Ruiz Rivas en el diario Expreso].

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