Foto: La República.

¿Cómo explicar el fenómeno de los “Caminantes”?… Nombre con el cual bautizaron los medios de prensa a más de 167 mil peruanos que solicitan al gobierno, formalmente, su retorno a las regiones de origen de sus padres y abuelos. Esos son los inscritos. Los entendidos calculan que, a ojo de buen cubero, estos sumarían en realidad más de 700 mil.

¿Cómo explicar esta versión inversa del Desborde Popular de Matos Mar (1984)? El nuevo rostro de las urbes conquistadas por migrantes andinos de los 80, hoy se desfigura porque la tercera generación de migrantes decidió tomar por asalto el mundo rural, huyendo del Covid-19.

¿Cómo explicar estos desplazamientos en masa por calles de la capital en busca de una tierra prometida? Retornantes e informales que viven de su ingreso diario decretaron, de facto, el fin de la cuarentena impuesta por el gobierno.

El mayor riesgo de conquistar el campo desde la ciudad es que con ella aceleran también el proceso de contagio en regiones. Y a la situación extrema que hoy vive el norte del país (costa y selva) se sumarán las del centro y sur, cuyos procesos epidémicos se mantienen aún contenidos, sin hacer tanto daño.

¿Cómo decirle a quien no tiene qué comer que se vaya a una vivienda que no puede pagar? ¿Cómo exigirle que no se transporte, no trabaje, no desarrolle actividad productiva o comercial? ¿Cómo imponerle una multa que jamás pagará? ¿Cómo decirle que el gobierno busca un “equilibrio entre salud y economía”? ¿Cómo se comen esos programas de reactivación económica que ven a años luz de distancia?

¿Cómo explicarles los riesgos letales de un virus que es menos dañino que una sociedad que los mantiene al margen? Una sociedad que puede resultar ser más letal que el coronavirus mismo. Una sociedad que no consigue ser tan solidaria, cuyo sector más adinerado no entiende el verdadero rol de su liderazgo, confundiendo el lugar que sus actores deben ocupar en el frente de batalla. Las donaciones no bastan.

Hablamos de una guerra cuya naturaleza requiere acciones concretas del empresariado, de alianzas estratégicas que dinamicen las líneas de acción, de innovación conjunta entre públicos y privados, de buenas prácticas en gestión, de préstamos temporales de talentos al sector público, de mesas de trabajo que propongan soluciones y dejen de diagnosticar solo problemas, de poner la cara y el cuerpo en el frente de batalla.

El problema de los caminantes es que ni el sector público ni el privado comprenden el funcionamiento del imaginario social que esconden estos comportamientos sociales, ni siquiera imaginan lo que se podría configurar en el futuro. En realidad, nadie lo sabe. Tenemos que investigarlo. Debemos encontrar salidas a esta situación crítica que no pongan en riesgo la salud de estos peruanos, al tiempo que imaginamos oportunidades de supervivencia para ellos. Esta es la cuestión de fondo. ¿Quién acepta el reto?

Deja un comentario