Foto: Andina.

Luego del cierre del Congreso de la República, el gobierno ha promulgado una serie de decretos de urgencia para reimpulsar la fallida reforma de salud del gobierno humalista. Además, en la última semana se han producido las designaciones de los exfuncionarios y miembros del núcleo ejecutor de la reforma de ese periodo en puestos importantes en el gobierno y en los diversos sectores que componen el Sistema Nacional de Salud. En el periodo humalista el proceso de “reforma de salud” se produjo sin consenso político, a través de decretos legislativos. Ahora ocurre los mismo, vía decretos de urgencia y sin previo consenso con los actores políticos, sociales y económicos involucrados.

La primera tarea del gobierno ha sido desligarse y abandonar el proceso de cambio y transformación del sector Salud, iniciado el 28 de julio del 2016, para luego reintroducir los objetivos de la reforma humalista. Y también el uso de sus conceptos, como el de “separación de funciones de financiamiento y prestación en las instituciones de salud públicas”, el aún inaplicable “aseguramiento universal” y el “Plan Esencial de Aseguramiento en Salud” (PEAS). La promulgación del decreto de urgencia de Cobertura Universal en Salud (CUSS) ha tenido el propósito de reiterar esa política, ajustar los fallos que produjeron su fracaso y hacer explícito el recorte de los derechos a la salud de los ciudadanos; es decir, abandonar el derecho a la integralidad del cuidado y la atención de salud, y solo reconocer un plan esencial (PEAS), preestablecido según caja fiscal.

A partir de la promulgación del decreto de urgencia del CUSS, el Estado se exime de reconocer el derecho a la atención de las enfermedades complejas o las de alto costo, salvo engorrosos trámites mendicantes, porque ahora es responsabilidad de los propios ciudadanos. Sin embargo, el mensaje político ha sido la incorporación de cuatro millones de nuevos afiliados al Seguro Integral de Salud (SIS) y la declaración de este año como el Año de la Universalización de la Salud.

Durante el lustro humalista la implementación de la fallida reforma de salud se produjo en medio de un incremento del presupuesto público para el sector Salud, de casi 2.5 veces frente al presupuesto histórico. Ha sido una reforma en medio de la “bonanza”. Ahora, al contrario, “el reimpulso” de la fallida reforma humalista se produce en la escasez, con casi nulo crecimiento económico de nuestro país. Además, la disminución de ingresos que sufren los sectores medios de la población los obliga a utilizar los servicios públicos. Es decir, escasez de recursos y menor oferta para una mayor demanda de salud.

Los decretos de urgencia deberán ser revisados y el gobierno no posee bancada propia en el Congreso de la República. A falta de consenso político y de liderazgo del Minsa en la defensa ideológica y programática de la propuesta, existe el riesgo de echar mano a los aparatos coercitivos del Estado. Además, la ministra de Salud, al provenir de la Policía Nacional, tiene un natural espíritu de cuerpo para frenar cualquier atisbo de protesta. Hay algunos hechos preocupantes, transmitidos por las redes sociales; por ejemplo, el uso de la fuerza policial contra los propios servidores de la sede central del Ministerio de Salud y las medidas de seguridad biométricas adoptadas para los propios funcionarios.

La reforma mercantilista, humalista, se muestra en la experiencia de la Sanidad de la Policía Nacional, así como en sus resultados. La separación de funciones permite que exista una caja, un fondo autónomo, que a su vez es un gran comprador de prestaciones, de atenciones médicas y de salud. Al año las instituciones de los diversos sectores y organizaciones del Sistema Nacional de Salud realizan más de 200 millones de actos médicos. La auditoría de cada acto es imposible, dada la cantidad, además, la especialización médica implica proveedores únicos o escasos, es decir, con casi nula competencia. La falta de interoperabilidad de los sistemas informáticos, ausencia de tarifario único, falta de registros contables y financieros estandarizados, entre otros, convierte a las “compras estratégicas” en un traspaso mercantilista de recursos financieros.

La experiencia del humalismo, nos heredó el colapso de los hospitales y policlínicos de la Sanidad Policial, insatisfacción en la atención de la familia policial, quejas e injusticias. Los reportajes de la prensa han desnudado esa realidad. El SIS heredó una enorme deuda de casi S/ 2,500 millones no solo con los hospitales y centros de salud públicos, sino también con los servicios de salud privados. A partir del 2016, con enorme sacrificio se lograron sanear las deudas del SIS. Se inyectó presupuesto adicional a la Sanidad Policial para la mejora de la infraestructura sanitaria, debido a su deplorable estado. A pesar de la experiencia, ahora se plantea reimpulsar la fallida reforma mercantilista del lustro humalista, pero, además, el gobierno pretende incluir a EsSalud.

El 2015 el Foro del Acuerdo Nacional, fue convocado para salir del impasse debido a los graves conflictos que se produjeron en la fallida reforma. Los consensos se implementaron a partir del 2016; sin embargo, ahora se pretende retroceder. ¡Gran tarea para el nuevo Congreso!

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