Foto: Andina.

A diferencia de los cambios ministeriales que hizo el Gobierno la semana pasada en las carteras de Transportes y Comunicaciones, Justicia y Energía y Minas (las que nos dejan un muy mal sabor en la boca, por lo mal sustentadas que estuvieron en su comunicación política), el ingreso de Martín Benavides a la cartera de Educación sí nos da muy buena espina.

Benavides es un profesional que reúne las competencias necesarias para poner bases sólidas hacia una reforma de la Educación en el país. Se comenta que la salida de Flor Pablo, por cierto, respondería al temor del gobierno porque se haga pública la torpeza que habrían tenido algunos de los directores generales del ministerio, apoyando abiertamente la candidatura presidencial de Jorge Nieto Montesinos, la cual estaría estrechamente vinculada, en el imaginario popular, con la agenda política del presidente Vizcarra.

Como suele suceder con funcionarios que ponen en peligro la popularidad presidencial, estos terminan siendo expectorados del aparato público, sin más información para su propio registro, que el pedido de su inmediata renuncia para contentar a la tribuna.

El reto que hoy tiene Benavides es articular la reforma educativa con tres grandes procesos de transformación social en el país. Una línea de trabajo es articular con sectores como Salud y Desarrollo e Inclusión Social. Esta debe promover que la alimentación y el desarrollo físico, emocional y mental de las nuevas generaciones esté garantizada, de manera que el proceso educativo de nuestros futuros ciudadanos permita hacer el cambio de “chip mental” que requiere nuestra patria.

El otro gran reto es articular con sectores productivos y, en especial, con Trabajo y Promoción del Empleo. Es una vergüenza que el Perú continúe produciendo profesionales que no responden a demandas concretas del mercado. Este vacío de información y orientación al ciudadano es responsabilidad de los sectores mencionados. Pero hoy en día no parece ser un tema de interés en la agenda pública.

Finalmente, un reto fundamental es incorporar la inversión privada en la oferta educativa, especialmente a nivel inicial, primaria y secundaria. Si somos capaces de presupuestar subsidios directos e indirectos para incentivar la libertad de elección en la demanda de vivienda social, ¿qué nos impide hacer lo mismo con la oferta educativa? Una buena regulación deberá fiscalizar los estándares de calidad, y con ello desmontar de una vez por todas esa fuerza retardataria que hoy representa el magisterio público.

Son tres acciones concretas que la reforma educativa tiene pendiente en el país. Un ministro con las cualidades personales y profesionales para hacerlas realidad. Un escenario social favorable para la inversión público-privada. ¿Qué esperamos?

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