Foto: Perú21.

Resulta absurdo e insultante para la inteligencia ciudadana, que la Inspectoría General de la Policía Nacional del Perú (PNP) dedique siquiera un segundo de su vida, para evaluar el daño que podría haber causado al uniforme institucional la suboficial de tercera, Jossmery Toledo, cuando realizó un reto viral en Tik Tok portando su uniforme de trabajo.

Su único “delito” sería no haber seguido -al pie de la letra- las reglas de juego del Bibidi Babidi Boo Challenge que hoy viraliza la red social. Cambió el traje de cenicienta o el pijama por el traje verde de la PNP. Pero el hecho desató la ira de sus superiores (entiendo todos hombres), quienes le iniciaron un proceso disciplinario por portar dicha prenda para actividades no vinculadas al servicio policial. ¿Es en serio?

¿Realmente creen que mancha el uniforme un simple acto particular de comunicación digital? ¿Acaso se utilizó en su difusión alguna red social de la institución? ¿Existió en el cambio de prenda alguna expresión grosera, grotesca o insultante que mancille a la institución? NO. ¿Entonces de qué hablamos?

No se trata, como postulan algunos, de un atrevido psicosocial propiciado por el Ministerio del Interior o la Alta Dirección de la PNP. Se trata, simplemente, de una demostración más del anacrónico y retardatario pensamiento guía de las fuerzas policiales.

La obesidad que muestra la mayoría de los efectivos policiales, eso SÍ mancha el uniforme. No la escultural figura de una modelo policial. La detención de efectivos que forman parte de bandas delincuenciales o mafias de traficantes, eso SÍ mancha su uniforme. O el pedido de una coima, eso SÍ mancha el uniforme. No la cándida expresión de una joven que se encuentra en búsqueda de su propia identidad.

En el fondo, ni siquiera los actos corruptos manchan el uniforme. Porque el uniforme es, únicamente, una prenda de vestir que cubre y, en algunos casos camufla, la verdadera naturaleza de muchos efectivos policiales.

NO es el uniforme un pretexto que deban utilizar quienes dicen “combatir” los actos impuros que atentan contra la institución. Porque lo impuro está en sus mentes retrógradas y machistas, porque suponen que Jossmery les pertenece como si fuese un bien mueble más que figura en los registros de sus inventarios. Y eso no es cierto. Entre este razonamiento y el de un feminicida no hay mucha diferencia, por cierto.

Jossmery, antes que ser una suboficial de la PNP, es una ciudadana con derechos, que al igual que todos deben ser respetados. Y el derecho más importante que debemos salvaguardar los peruanos es el del uso de su libertad.

Si una expresión natural de comunicación digital no se adapta al reglamento de la PNP, pues entonces lo que debe cambiar y modernizarse es el Reglamento. Nada justifica castigar la naturalidad con la que se expresó Jossmery.

Las instituciones existen para servir al ciudadano. No los ciudadanos para servir a las instituciones. Eso sería un despropósito, que solo demostraría el atraso mental en el cual viven aún quienes lideran nuestras fuerzas policiales.

Un poco de modernidad no les vendría mal. Sería oportuno aprovechar la necesaria reflexión a la que nos lleva el fin de año, para iniciar una total reingeniería y radical cambio de chip en la mentalidad de los oficiales y suboficiales de nuestra “gloriosa” y “manchada” Policía Nacional del Perú.

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