Foto: Enfoque Derecho.

El debate sobre la solidez de la Sentencia del caso Fujimori ha quedado radicado entre nosotros. Tiene asiento desde el momento en que un Procurador del Estado pide una nueva votación del caso. Entonces merece una respuesta clara.

Los tres votos a favor de la liberación han tomado en cuenta algunos hechos posteriores a la orden original de prisión preventiva (como la opinión del Fiscal Rodriguez Monteza) y no otros (como la declaración del señor Yoshiyama o las revelaciones del señor Dionisio Romero). Aquí hay algo que en efecto debe ser explicado. El voto concurrente del señor Ramos forma además el extraño caso de un voto que coincide en la solución de la mayoría pero desde fundamentos al extremo distintos a los que contiene el voto de tres firmas. La sustitución de los jueces ordinarios en la evaluación de la pruebas que ha hecho la mayoría, nos guste o no, forma una singularidad llamativa en la tradición del TC que también merece una explicación. El TV usualmente no hace esto.

Es cierto que si se adopta un punto de vista distinto al que emplearon la presidencia y el Secretario Relator, el voto del señor Ramos podría presentarse como un texto tercero, no como una adhesión en forma a la mayoría. Debe explicarse sobre qué bases el TC ha decidido que un voto alejado de esta manera del texto de tres se considera concurrente con él. También es verdad que si se hace esto podría concluirse que ha habido un empate entre dos mayorías (3-3) y una disidencia (1), con lo que debería explicarse también si en este caso se volvería a utilizar el voto doble del presidente que se introdujo en el procedimiento en el periodo en que los magistrados eran 6 y no 7.

Es un caso demasiado importante para no cerrarlo convincentemente. Y al cierre de estas notas la insatisfacción que ha producido el fallo ha escalado desde un conjunto de opiniones críticas a una petición formal de un Poder del Estado. Toca al TC resolver este debate.

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