Foto: RPP.

¿Qué extraña razón explica la debacle que hoy sufre la popularidad del Presidente Vizcarra? ¿Cómo explicar que, tras disolver el Congreso de la República, en apenas un mes su popularidad cae 19 puntos porcentuales? De 79% a 60% (Ipsos) ¿A quién culpar?
Lo suyo es resultado de una crisis estructural de las viejas partidocracias. Lo suyo es consecuencia de no tomar una clara posición en la lucha descarnada entre una vieja tecnocracia limeña (caída en desgracia tras la vacancia de PPK) y una tecnocracia regional emergente que toma por asalto al Gobierno Central y quiere coparlo en su totalidad -aunque con gran dificultad.

Lo suyo es la confusión que sufren sus asesores en comunicación política, cuando utilizan tácticas de campaña electoral para tener una comunicación de gobierno sostenible, algo muy distinto y alejado del clímax callejero que sirve de insumo cuando de elegir candidatos se trata.

Lo suyo es una respuesta natural frente al clima hostil y despiadado que lo aíslan del entorno. Por ello se protegen de esos opositores que -a diario- buscan poner en evidencia su debilidad. Y la encuentran en todos lados. Como cuando pierde dos ministros de Estado por “estupideces” –como dirían los analistas políticos. Y los pierde en sectores estratégicos, (Inclusión, Desarrollo Social y Salud Pública), donde creyó que tendría logros importantes al finalizar su gestión.

Esta vulnerabilidad se ve reflejada también en la presentación que hizo de su Plan de Gobierno. Uno que el 70% de la población desconoce. Que nadie recuerda. Uno que apenas fue motivo de una conferencia de prensa. Uno que no generó más que unos cuantos titulares al día siguiente. Uno que desconoce el “abc” del marketing público. Uno que no sabe de posicionamiento de marca gobierno. Uno que desconoce cómo instalar ideas y conductas en el imaginario popular.

El problema del vizcarrismo es que su equipo de expertos no descubre aún qué rol cumplir en el aparato público. No entienden cómo implementar una dirección corporativa que vigile a los sectores cual gerencias, ni de indicadores de gestión, ni de calidad y eficacia, ni de logros concretos con la población. Es momento de sentarse con los privados. Con los que tienen buenas prácticas. A falta de tecnócratas eficientes, buenos son técnicos prestados. Si no hay un cambio de rumbo en el timón de la gestión, ese mismo pueblo que hoy aún lo respalda, comenzará a darle la espalda, porque su acción política no resuelve problemas reales que aquejan a gente de carne y hueso.

El discurso es importante. Lo sabemos. Pero si el discurso no tiene un respaldo en acciones concretas que cambien la realidad social, ese discurso se desvanece y pierde significado. Y eso es lo que hoy viene ocurriendo con el vizcarrismo, que se encuentra confundido y mareado en un laberinto del cual no sabe cómo salir. Este problema no lo resuelven nuevas narrativas. Son hechos reales los que alimenten el sentido que estas pueden tener para los ciudadanos. ¿Seremos capaces de lograrlo?

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