Foto: Enfoque Derecho.

Comete un gravísimo error el gobierno del presidente Vizcarra si pretende contrarrestar el legítimo reclamo del ciudadano Olaechea hacia el Tribunal Constitucional (TC), aludiendo usurpación de funciones en un Poder del Estado que –únicamente– tiene bajo su mando en modo fáctico, no en modo constitucional –o al menos no en su totalidad. Eso es, precisamente, lo que la demanda competencial ingresada al TC busca deliberar.

Comete un gravísimo error, porque el fuero constitucional lo aleja del mandato fáctico que hoy le permite gobernar y reordenar la cancha de la gestión pública, con su respaldo popular, con sus encuestas en crecimiento imparable, con sus viajes a diario en regiones, con su aparato de campaña listo para la acción, con sus nuevos funcionarios de confianza… Con sus “sí señó”.

Comete un gravísimo error también el Congreso disuelto, cuando acusa al Presidente de golpe de Estado, y confirman con ello la enorme distancia que los separa del ciudadano de a pie, de aquellos a quienes dan la espalda hace 20 años porque nunca entendieron el interior del país. Uno que hoy se siente más representado por líderes regionales, que por una élite limeña venida a menos -caída en desgracia por mano propia. Lo del cierre del Congreso fue simplemente un empujoncito.

Lo cierto es que discutir entre lo fáctico y lo constitucional resulta estéril en un país donde negamos a diario nuestra falta de apego a las normas y faltamos el respeto a las reglas de juego. Ocurre igual que con el 70% de la economía, que llamamos “informal” porque nos resistimos a llamarla por su verdadero nombre: “ilegal”.

Ocurre porque vivimos cómodos incumpliendo reglas, porque preferimos interpretaciones auténticas según la época, porque nos acomodamos al rumbo que definen los grupos de poder, legales e ilegales, para seguir sobreviviendo a diario, sin construir un país en serio.

Ocurre porque tememos romper las reglas que benefician a unos pocos, y porque somos incapaces de diseñar nuevas reglas que nos traten a todos por igual. Ocurre porque no nos atrevemos a cambiar ese chip de saltarnos la norma cuando vivimos en nuestra tierra, a pesar de que sí cumplimos las normas cuando estamos en un país ajeno -donde sí se cumple la Ley.

¿Negación fáctica de la confianza, cierre constitucional, golpe de Estado, ruptura constitucional? Que el TC decida. Pero decida lo que decida, finalmente lo fáctico seguirá su curso indomable, con sus elecciones convocadas, sus nuevos congresistas, su nueva correlación de fuerzas políticas, su cambio generacional en marcha.

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