Foto: Exitosa.

La torpeza verbal expresada por la ministra de Salud, Zulema Tomás, en conferencia de prensa, revelando que más de 1,200 niños prematuros murieron este año en los hospitales del país, pone en evidencia -una vez más- los gravísimos problemas estructurales que sufre la gestión de políticas públicas en este sector estratégico.

La falta de incubadoras es el pretexto perfecto para graficar esta tragedia, que acompaña a un sector que requiere de reformas urgentes, y sirve además, para expresar el profundo malestar de una población que sufre a diario la indolencia de malos servidores públicos, que los atienden mañana, tarde y nunca.

La falta de incubadoras, sin embargo, no explica por qué el 40 % de estas madres tiene entre 12 y 17 años, embarazos adolescentes ocasionados principalmente por la agresión sexual de la que son víctimas estas niñas que buscan atenderse en hospitales mal equipados.

La falta de incubadoras tampoco explica por qué el Ministerio de Salud es incapaz de realizar un gasto eficiente de su presupuesto. Algunas regiones donde ocurren estas muertes prematuras, según el MEF, apenas invirtieron el 50 % de su partida en los hospitales. Sumemos a ello la falta de recursos humanos y el poco acceso a medicamentos de calidad, y entenderemos por qué continúa detenida la reforma del Aseguramiento Universal en Salud, que según el presidente Vizcarra retomarían con fuerza para llegar al 100 % de asegurados antes del Bicentenario.

La falta de incubadoras tampoco explica la deficiente supervisión que hoy realiza el ente rector y los órganos de control, a las responsabilidades y competencias asumidas por los gobiernos regionales.

La ministra quiso decir que las muertes anuales de niños prematuros habían disminuido en 20 % respecto a gestiones anteriores. Eso fue lo que quiso decir, cuando su inconsciente la traicionó y reveló esa trágica cifra oficial, que terminó costándole la cabeza a su viceministro de Salud Pública antes de finalizar la semana.

¿Por qué la ministra Tomás y el presidente Vizcarra no toman el toro por las astas y declaran el sector Salud en emergencia? A nivel de gestión, sin duda, lo está. ¿Acaso es tan difícil aceptar que existirían mafias internas, en Lima y provincias, que boicotean a diario las iniciativas públicas y privadas que promueven buenas prácticas y transparencia? La ceguera ante la corrupción, cuando es voluntaria, termina siendo cómplice. ¡Hagamos que la reforma suceda!

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