Por qué habría que temerle al “pueblo”

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Foto: Andina.

Si alguien me preguntara por qué habría que temerle a la palabra “pueblo”, se me ocurren algunas respuestas que espero sirvan para la reflexión.

Porque el “pueblo” no existe. Es una palabra que inventamos los científicos sociales para referirnos a los habitantes de una región, una pequeña población o un grupo social de escasos recursos. No es alguien. Son todos y ninguno al mismo tiempo. En ningún caso, por cierto, hacemos alusión a sus percepciones para definirlo. El “pueblo” es un conjunto de individuos que comparte idioma, territorio, nacionalidad y una historia en común.

Porque ese “pueblo” que hoy pide cerrar el Congreso es el mismo que lo eligió con sus votos. El mismo que celebró la vacancia de Kuczynski y justificó el autogolpe del 5 de abril del 92. El mismo que celebra la cárcel para sus líderes, luego de haberlos llevado al poder también con sus votos. El mismo que prefiere la “informalidad”, que no es otra cosa que un peruanismo para suavizar la ilegalidad como norma.

El mismo que no respeta reglas de tránsito, que bota basura y orina en las calles, que tolera un machismo que este año alcanzó los 100 feminicidios, rompiendo un nuevo récord social, sin que se le crispe un pelo a esa misma audiencia que disfruta elevando los rating de noticieros sangrientos y programas que forman idiotas como “Esto es Guerra”, el más visto de toda la televisión nacional.

Porque ese “pueblo” (77%) que está de acuerdo con adelantar elecciones (Ipsos / Agosto 1-2: 2019) cambia de parecer en solo días. Solo un 8% consideraba que el Presidente maneja bien o muy bien la reducción de la pobreza, y solo un 10% consideraba que maneja bien o muy bien la generación de empleo y los conflictos sociales (Ipsos / Julio 28: 2019). En solo tres días cambió su percepción. ¿Qué hacer ante ello? ¿Le hacemos caso también?

Por eso habría que temerle tanto al “pueblo”. Porque en su nombre se justificaron las más grandes atrocidades y masacres en la historia universal. En su nombre, los más grandes autócratas destruyen a diario lo poco que queda de democracia. ¿Queremos eso? Yo sigo creyendo que diálogo, negociación y concertación son la esencia del ejercicio de la política en una sociedad civilizada. La administración de distintos intereses es la razón de ser de gobernar. Dejar de hacerlo y renunciar a ello, únicamente dará de comer a los futuros déspotas de la patria.

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