Foto: El Comercio.

Es increíble que, en pleno siglo XXI, sigamos discutiendo públicamente cuál debiera ser la forma correcta de informar sobre educación sexual en el Perú. Si la disputa entre seguidores de “Ideología de Género” y “Con mis hijos no te metas” continúa evitando usar estudios e información técnica y científica, jamás llegarán a un punto de encuentro.

Necesitamos hacer investigación para establecer una línea de base, que incluya todas las edades, géneros y regiones del país. ¿Cuánto conocemos de sexualidad humana? ¿Qué entendemos por virginidad, masturbación, procreación, órganos sexuales, homosexualidad, bisexualidad y coito? ¿Acaso es un pecado preguntarlo? ¿Dónde es mejor que nuestros hijos lo aprendan?

Los resultados de la negación conservadora, por cierto, saltan a la vista: más del 75 % de violaciones son a menores de edad, y 42 % de personas mayores de 18 años cree que el castigo físico puede ser bueno si se realiza sin lesionar al niño o adolescente. ¿Es en serio? Sí, muy serio, por cierto.

Necesitamos definir también cómo alineamos la difusión de estos temas en los distintos ámbitos donde nos desenvolvemos los peruanos. ¿Cómo intervenimos en el seno familiar? ¿Cómo contrastamos la información que recibimos en el colegio, con la que reciben en casa o el barrio? ¿Quiénes son las personas autorizadas para hablarles de sexo a nuestros hijos? Todo ello debemos pensarlo, discutirlo y definirlo como prácticas públicas y transparentes.

Entendemos que la mitad conservadora del país se resista a divulgar esta información en forma pública y transparente. Coincidimos con ellos, por supuesto, cuando ésta se encuentra tan mal empaquetada, redactada y formulada como la que vemos en los textos escolares que fueron motivo de una denuncia periodística. Pero de allí a condenar la divulgación científica de la sexualidad humana hay un mar de distancia. Tanto como el que nos separa del pensamiento conservador más retrógrado. Ser conservadores no significa que neguemos la evolución de la especie.

La opción por el oscurantismo no puede condenar a los demás a un silencio de los inocentes. La ignorancia evita preguntas incómodas en casa por un tiempo, pero no detiene la violencia sexual que hoy sufren niños, mujeres y comunidad LGTB. No permitiremos que la intolerancia y la discriminación, primas hermanas de la ignorancia, se instalen en la sociedad moderna y progresista que “los otros” anhelamos. Por eso nunca justificaremos algún tipo de violencia. Porque siempre será la negación de nuestra libertad.

Publicado originalmente en Diario Expreso el 16 de abril del 2019.

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