La lectura del diario oficial El Peruano y un poco de Google permite conocer las biografías de los funcionarios designados en el Ministerio de Salud (Minsa). Además, luego de leer la presentación del plan de la nueva ministra de Salud, no cabe duda de que el humalismo ha retornado, como es natural en el quehacer político, con intenciones de quedarse. Parece ilógico que ocurra algo así a dos años de culminar el presente gobierno, pues en el sector salud se ha producido un real cambio de gobierno. Y no solo el acostumbrado reemplazo ministerial dentro de un mismo gobierno.

Sin embargo, por coincidencia, eso mismo ocurrió durante el gobierno del Apra, en setiembre del 2010, cuando en plena huelga médica y el escándalo de los petroaudios, se produjo el relevo ministerial e ingresaron los funcionarios que luego perduraron durante todo el gobierno humalista, y que hoy han retornado. Visto así, desde julio del 2016 hasta la fecha, solo ha habido un paréntesis de esa gestión en el sector salud. El aspecto más grave es que se ha retomado el “Plan de salud” que a todas luces generó, en el lustro humalista, retrocesos en los indicadores de salud pública, conflictos laborales y mercantilismo.

Los siete lineamientos que ha propuesto la actual gestión ministerial son muy ideológicos y da la impresión de que los hemos visto antes (deja vu). El primer punto es la universalización de la salud. Cualquier salubrista, al leer el título de este lineamiento, entendería que se fortalecerán los servicios de salud, la atención médica y sanitaria. Pues no es así, porque se refiere a fortalecer la afiliación de nuevos usuarios a un seguro de salud. Ha revivido la creencia humalista de que si se le entrega un papel de afiliado al usuario, se ha resuelto la universalización de la salud. Es decir, este primer punto significa promocionar más afiliaciones al Seguro Integral de Salud, pero también a los seguros médicos privados. ¿Sabrá la gestión ministerial que ya se ha transferido a los hospitales el 90% de los fondos correspondientes al presente año? Parece que no, porque es improbable que exista una contradicción entre el discurso y la realidad, porque ya no hay dinero.

Además, es grave que el ejercicio de la rectoría solo se refiera a una “agenda de compromisos” que contiene “la lucha contra la anemia, lq implementación de redes integradas, la ejecución de la inversión, la mejora de calidad de gasto, el fortalecimiento del aseguramiento y la gestión de medicamentos”. Para empezar, una agenda de compromisos no es ejercicio de la rectoría. Retornarán los abundantes y frondosos compromisos de gestión del humalismo firmados con los gobiernos regionales, cuyos frutos fueron los malos indicadores sanitarios que heredamos el año 2016.

La “agenda de compromisos” no contiene un espacio relevante para la salud pública, la Atención Primaria de la Salud, la promoción de la salud, la medicina preventiva, la incidencia sobre los determinantes económicos, sociales y culturales en salud. La ideología curativa que ha abrazado la gestión ministerial es radical.

Las acciones de rectoría, gobernanza y gestión se reducen a la “participación articulada, ejecutivo, gobiernos regionales y locales” a través de “la dinamización del Consejo Nacional de Salud y los consejos regionales de salud, los consejos regionales intergubernamentales de inversiones en salud (CRIIS) y los consejos intergubernamentales en salud (Cigs).” Es decir, estos espacios serán los instrumentos para implementar la “agenda de compromisos.” Como se puede observar, de nada ha servido la reciente promulgación de la ley que fortalece la función rectora del Minsa (Ley 30895).  A decir verdad, luego de examinar el contenido de la “Agenda de compromisos”, La Ley N° 30895 resulta innecesaria.

Como se sabe, hay cuestionamientos de variada magnitud en algunas inversiones hospitalarias realizadas en el lustro humalista: adendas y observaciones de la Contraloría, entre otros. El ejemplo más saltante es el Hospital Antonio Lorena de Cusco y el Hospital de Ate-Vitarte de Lima, entre otros más. La prioridad que otorga la “Agenda de compromisos” a la ejecución de inversiones a nivel nacional, que es legítima por la enorme necesidad de infraestructura hospitalaria, podría verse empañada por el retorno en la conducción de funcionarios que participaron en ese mismo proceso durante el gobierno humalista. Ahora tienen una doble función: solucionar los problemas del pasado y acometer nuevas inversiones para el futuro.

Las declaraciones de los voceros de la reforma de salud humalista a favor de la nueva gestión ministerial, incluyen resolver el problema de la anemia en el Perú, cuando el gobierno de Humala prometió reducir al 20% la anemia en el 2016, y la dejaron en 46%. Esa promesa fue un fiasco. Además del escandaloso retroceso en la lucha contra la anemia infantil, recordemos que durante los años 2014, 2015 y 2016 se compró un sobre stock de micronutrientes. Y que si se hubiese comprado solo lo necesario, se hubiera ahorrado por lo menos S/ 33 millones. En este aspecto la Contraloría General de la República hizo también un buen trabajo. ¡Aún se puede enmendar rumbos!

Deja un comentario