El 7 de enero del 2019 juró la nueva ministra de Salud, Zulema Tomas, luego que el sábado 5, se conociera a través de los medios de comunicación la renuncia de Silvia Pessah, debido a motivos personales. Fue una sorpresa, aunque era ya víctima de una permanente crítica, sin mayor trascendencia, de parte de un sector de los médicos, las quejas de un grupo de la industria contraria a los octógonos de alerta en los empaques de los alimentos procesados, algún sector de los distribuidores de medicamentos (debido a la denuncia ante Indecopi por concertación de precios) y de algunos grupos de poder que gobernaron durante el lustro humalista.

Además, las actas firmadas con los gremios sindicales, la promulgación de leyes de importancia para rediseñar el Sistema Nacional de Salud, así como la Ley de Fortalecimiento de la Rectoría del Minsa y la Ley de Conformación de Redes Integradas de Salud, y la adecuada relación con la plana de dirección del Ministerio de Salud (Minsa) y de los hospitales e institutos a su cargo, parecían augurarle mayor sobrevivencia en el cargo. Quizá el momento político de la renuncia no fue el más adecuado, debido a la existencia de una aguda confrontación entre el Ejecutivo y la Fiscalía de la Nación, y la aprobación en el Consejo de Ministros de un Proyecto de Ley que “declara en crisis y reorganiza el Ministerio Público”, que generó gran crispación en nuestro régimen republicano.

La asunción de la nueva ministra de Salud ha generado expectativas. Los críticos de la anterior gestión se reclaman vencedores y, por lo tanto, pretenden cupos de poder en la nueva gestión del Minsa. Sin embargo, como sabemos, el cambio de funcionarios se ha dado en el marco de una misma gestión de gobierno y, por lo tanto, los lineamientos y la agenda deberían ser los mismos. Es obvio que el proceso de cambio y transformación de Minsa y del Sistema Nacional de Salud sigue otra lógica organizacional que la legislada por el gobierno de Ollanta Humala. Es necesario tomar en cuenta que la gran mayoría de los Decretos Legislativos de la llamada “reforma de salud humalista” han sido derogados o modificados. Recordemos que la prioridad de esa reforma fue la salarial, a través del Decreto Legislativo 1153, que a pesar de haber sido modificado varias veces aún genera descontento y confrontación gremial. A modo de ejemplo, solo mencionaré el Bono de Salud Pública.

Además, debido a la prioridad otorgada al financiamiento de las prestaciones llamadas “condiciones asegurables”, se dejaron de lado la parte de salud pública, los excluidos del llamado aseguramiento, la medicina preventiva, la Atención Primaria de Salud, las estrategias sanitarias, el primer nivel de atención de salud, entre otros, con grave retroceso en los indicadores sanitarios. Por si fuera poco, se liberalizaron los contratos del Seguro Integral de Salud (SIS) con los privados, y se multiplicaron los tipos de contratos con el propio sector público, hechos que se evidenciaron en el “escándalo del caso Moreno”. Se había creado una estructura mercantilista en el sector salud. Además, la creación del Instituto de Gestión de Servicios de Salud (IGSS) incrementó en modo exponencial la burocracia y, aunque el gasto en salud se más que duplicó, empeoraron los indicadores sanitarios. Grave fue además, el debilitamiento del rol rector del Minsa, que generó desgobierno y autonomización en salud de los gobiernos regionales.

El reto del nuevo gobierno era revertir los malos indicadores sanitarios heredados del humalismo, el énfasis en el primer nivel de atención, la Atención Primaria de Salud (APS), la salud pública y la creación de las Redes Integradas de Salud. Sanear la economía del SIS, pagar sus deudas con el sector público y cambiar la estructura mercantilista del sector. Además, la aplicación de los lineamientos DDT: destrabar, desburocratizar y transformar. En esa lógica, se desactivó el IGSS, las Redes y Microrredes en Lima Metropolitana, y se planteó la creación de las Redes Integradas de Salud (RIS) a nivel nacional. El proceso de maduración y gestación del modelo de redes integradas ha demorado, sobre todo por la inestabilidad política de los ministros y la permanente interferencia del núcleo ejecutor de la reforma de salud humalista.

En su alocución durante la asunción de mando, la nueva ministra de Salud ha comprometido la continuidad de las políticas nacionales y sectoriales en marcha, y ha hablado en modo expreso de la descentralización, el gasto eficiente, la humanización, continuar y fortalecer Telesalud y las Redes Integradas de Salud, entre otros. No será fácil lidiar con los grupos de presión ni con los que se atribuyen haberla puesto en el cargo. La experiencia del lustro humalista en la salud debería servir como vacuna para que no se repita. El Perú lo necesita.

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