Foto: Andina.

(Juan Carlos Ruiz, enviado especial) Confieso que regresé a CADE, luego de algunos años, con expectativas que no terminan de ser satisfechas. Sigue siendo, sin duda, el evento empresarial más importante del país, porque se propone agenda pública y no teme discutirla, pero lamentablemente sigue quedando mucho en papel, en buenas intenciones, en ideas geniales, en el placer de ser un espectador de lujo de otras experiencias exitosas… y salvo el tema educativo, donde si se ven avances concretos, en el resto de temas seguimos sobre-diagnosticando.

El día de ayer fue un día de cierre, pero la agenda presidencial generó que el programa se acabe antes de tiempo, tanto así que los cadeístas tuvimos tiempo para descansar antes del evento social final que nos tuvo preparado Toyota. Fue el mejor evento social, sin duda. Superó a los dos previos de lejos. Buena bebida, buena atención y, por supuesto, un Pedro Miguel Schiafino que se lució con sus bocaditos amazónicos. Ese jamón de paiche estaba espectacular al ingreso, y las beterragas estaban como los dioses. Para aquellos que partieron tras el almuerzo, se la perdieron.

Pero vayamos a la jornada final. Sin duda, la competitividad con Fernando Zavala, la agenda gubernamental con el Presidente Vizcarra y el conversatorio entre el Presidente Uribe y Claudia Cooper fueron lo más resaltante de la jornada. El tema de la reforma de Justicia siento que les quedó muy grande.

¿Seremos competitivos?

Como siempre, Fernando Zavala nos hizo una presentación impecable. Nos tiene acostumbrados a ser preciso y claro en el diagnóstico, al punto que tuvimos un entregable concreto en manos, cuando recibimos el Informe de Competitividad 2019. Hacer futurismo, por cierto, nos permite ponernos metas a alcanzar y nos obliga a trazar hojas de ruta. El mayor reto, sin embargo, es cómo le vendemos ese sueño a los peruanos.

El gran problema de fondo es que ese crecimiento y desarrollo que tuvo el país los últimos años, no sabemos a quién atribuírselo en los libros de historia. La gran incógnita es que la vieja pugna entre fujimoristas y antifujimoristas por atribuirse los logros de los últimos años no termina por dejarnos claro quién lo logró a nivel político. Y la verdad es que fue a pesar de ellos. Los peruanos lo hicimos posible, aunque nuestros políticos en estos últimos 20 años no estuvieron a la altura.

Pero proponer un Plan de Competitividad para los próximos 20 años sin un discurso político bajo el brazo es peligroso, porque si lo presentamos simplemente como una herramienta de gestión, nos corremos el riesgo de que cualquiera de las religiones políticas que tenemos en el país la tome por asalto y la haga suya sin mayor discernimiento. Ya sabemos qué consecuencias traen ese tipo de incursiones.

Sería interesante que, así como pusimos el tema de la Educación en agenda, obligando a nuestras autoridades a definir un camino claro, con un discurso político claro también, a pesar de detractores y opositores que siempre tendrá el mundo conservador, lo hagamos con los demás temas de agenda. Salud es uno de esos temas que se cae de maduro y poco a poco los privados estamos dándole su narrativa… Ese es un buen ejemplo de que los CADE sirven para generar corrientes de opinión, a pesar de los altibajos que tenemos cuando un íder empresarial se va de boca.

¿Y la Agenda Bicentenario?

Quien no aprovechó el momento fue, sin duda, el Presidente Vizcarra. Este era el foro donde debía presentarnos la Agenda Bicentenario como una Agenda País. Tuvo un buen alcance cuando en Ayacucho convirtió una agenda conmemorativa en un plan de acción multisectorial que contemplaba implementar acciones concretas en tres niveles: (1) reforma política y jurídica, (2) cambio de chip cultural y simbólico, y (3) relanzar un plan agresivo de inversiones macro y micro que dinamice nuevamente la economía del país.

De alguna manera lo hizo, aunque muy desordenado para mi gusto, y sin un plan integrador. Los empresarios necesitamos que nuestros políticos nos digan las cosas claras. Que definan y tomen posición. Esa posición no solo se tiene cuando despido ministros para que los escándalos sectoriales no lleguen a la cima. Significa tomar posición política y poner fechas claras a los acuerdos y consensos.

Ayer el Presidente Vizcarra vio el Informe de Competitividad de Zavala convertido en libro. El solo tenía una Resolución impresa en papel. Y se picó. Dijo que propondría reuniones de trabajo para consensuar ambos documentos y tener uno solo que sirva de hoja de ruta. Todo bien. Pero por favor Presidente, díganos cuándo será eso. Porque luego tenemos que convertir esos lineamientos en políticas públicas concretas que también tendrán que consensuarse y recibir las críticas de los opositores y fuerzas retrógradas del país.

Ayer me preocupó ver al Presidente con una calma que no quisiéramos ver. Necesitamos un Presidente que, aunque mucho más canchero que antes en su comunicación, nos venda un sueño, nos motive a seguir invirtiendo, a seguir produciendo por el país. Y eso faltó. Mucha cifra, mucho discurso políticamente correcto… Poca disrupción, que es lo que necesitamos hoy. Es difícil, lo sabemos, entender el pensamiento empresarial cuando nunca en vida los políticos han tenido que pagar una planilla, pero necesitamos que los puntos de encuentro sean más intensos.

Hasta hoy no sabemos a ciencia cierta quién ganó la partida en el gabinete, por ejemplo, ¿Oliva o Sánchez? Así como muchos cadeístas no entendían por qué su Premier le pedía la renuncia a una ministra de Cultura, que estaba proponiéndoles un buen discurso político al darles una Agenda País Bicentenario. Sin una oposición real al frente, gestos como estos no solo muestran esa calma que nos preocupa, sino también una gran debilidad.

Alguien decía por allí que debíamos promover más CADE descentralizados, para bajar al llano e incluir a mypes y pymes y autoridades regionales. Es una buena idea. Podrían ser promovidos por ambos, por gobierno y empresarios en alianza estratégica. Uribe lo hizo en Colombia con sus reuniones mensuales en cada región, y escuchaba a todos y tomaba decisiones, y lograba que los colombianos sintieran que tenían un Presidente cerca, no tan alejado como nos sienten los peruanos cuando nos reunimos en los mejores hoteles de Paracas para hablar de inclusión y diversidad.

El olfato no se pierde

Sin duda el plato de fondo fue la presencia del ex Presidente Uribe. Confieso, nuevamente, que tenía mis dudas respecto a su exposición. Pensé: “Los empresarios seguimos atados a figuras políticas que hicieron grandes cambios en su época, pero hoy no son ni la sombra de lo que fueron ayer, además de los cambios que han transformado nuestros países y los comienzan a dejar solo para llenar los libros de historia”. Afortunadamente, me equivoqué.

El olfato político y de estadista de Uribe está intacto. Ayer nos dio una lección de cómo debemos ponernos al centro, a pesar de creer en propuestas más radicales, para alcanzar metas gananciales o, como decimos nosotros aquí, logros incrementales. Lo más sabroso de su presentación fue escucharlo contar cómo lo hizo posible, y lo más interesante fueron las menciones que tuvo del actual Presidente y las acciones que vienen realizando en la Colombia actual.

Sin duda, Uribe fue el mejor plato de fondo sobre la mesa del CADE, especialmente para aquellos que no nos quedamos en el discurso empresarial, sino que apostamos por convertir nuestros pensamientos de desarrollo en políticas públicas y corrientes de opinión que transformen el mundo y lo sigan transformando, minuto a minuto. Las sociedades, finalmente, no se crean ni se destruyen, solo se transforman.

El olfato de Uribe para adaptarse a los nuevos tiempos es un buen ejemplo para que lo imiten las nuevas generaciones. Algo que deberían aprender los políticos de hoy. Supe, por cierto, que el Grupo 5 de alcaldes electos de Acción Popular, a quienes encontramos en los pasillos de CADE, tuvieron una reunión con él. ¡Bien jugado!

Fue un buen CADE después de todo. Un CADE con novedades y revelaciones. Un CADE intenso, como siempre lo son. Un CADE de relacionamiento puro. Un CADE que nos devolvió las ganas de seguir aportando, de seguir pensando cómo hacer realidad los sueños que los peruanos queremos dejarle a nuestros hijos, construyendo siempre un país mejor.

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