(Juan Carlos Ruiz, enviado especial) Una interesante mesa de reflexión sobre la necesidad que hoy tienen las empresas, en todas partes del mundo, de luchar contra las prácticas corruptas, modificando con buenas prácticas las conductas ciudadanas y la relación con el Estado, fueron el tema de fondo que exigió el aporte de Daniel Linsker (México) y Alexander Wagner (Suiza).

Lo más interesante de ambas reflexiones fue que identificaron tres factores claves que nos permiten hacer una lucha efectiva: filtrar bien a las personas que asumen cargo de gerencia y trabajan en nuestras organizaciones, incorporar tecnología de punta que nos permita supervisar aquellos procesos en los cuales existen riesgos de soborno o actos corruptos (siempre teniendo muy claras las reglas de juego), y documentando a manera de casuística aquellos casos identificados, que debemos hacer públicos para utilizarlos como modelos de lo que no se debe hacer, para no ser condenados o sancionados con todo el peso de la Ley.

Llamó nuestra atención, sin embargo, que las referencias locales hayan sido tan vagas y poco explícitas. Uno de los cambios fundamentales en la historia del Perú es que hace solo algunos meses atrás, las prácticas corruptas entre privados no eran consideradas un delito con pena de cárcel. Hoy sí. Solo este cambio normativo debería implicar una verdadera revolución cultural, al interior de empresas e instituciones de todo tipo, a nivel de enseñanza pública y privada, a nivel de inducción en organizaciones de todo tipo en todo el ámbito nacional. Reflexionar sobre ello hubiera sido interesante para darle un comienzo más intenso en este CADE 2018.

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