Foto: Voces de Ayacucho

Hace algunas semanas tomé este espacio para expresar mi profunda preocupación por un tema que afecta a todos a diario: la violencia contra la mujer. Casos como el de Eyvi Ágreda, a quien su acosador le prendió fuego dentro de un bus de servicio público, o como el de Frida Chumbe, asesinada por su ex pareja luego de que lo denunciara por maltrato e intento de feminicidio, liberado por la justicia no obstante todo lo acontecido con ella. Estas son situaciones cotidianas en los medios de prensa y nuestro espacio diario.

Los medios de comunicación no reportan a diario el acoso, maltrato o feminicidio contra las mujeres, adolescentes y niñas, pero el problema no es la prensa, el problema es la situación de fondo que sigue el maltrato y muertes de mujeres, ante lo cual el Estado, llamado a protegernos, no sólo nos ignora, sino que se muestra impune con los asesinos y abusadores. Ante esta situación, el Congreso ha decidido programar un “Pleno Mujer”, que no es otra cosa que un pleno del Congreso para tratar todas las iniciativas que tengan relación con los derechos de las mujeres, especialmente respecto a las medidas a tomar para evitar la violencia contra todas nosotras.

La solución no pasa por aprobar penas más altas, pues ello no soluciona el grave problema existente, sino que debemos en primer punto emprender una campaña intensa contra la impunidad, la normalización de la violencia, la discriminación y la desigualdad. Cambiar las normas y crear nuevas leyes no es la solución para todos nuestros problemas, debemos ser conscientes de que muchos de estos problemas no van a poder contenerse y encontrar solución sin un cambio profundo en nuestra sociedad, sin duda contar con un marco jurídico integral y suficiente para poder guiar estos cambios y que sean duraderos en el tiempo. Esto resulta siendo un IMPERATIVO, pero es un extremo de la solución.

Debemos aprobar normas que nos permitan trasladar a las instituciones que imparten justicia, a diversas entidades del Estado, pero de forma especial a las aulas de nuestros niños y jóvenes, incorporando el mensaje claro y directo de que las mujeres merecen respeto y cuidado, no por el hecho de ser mujeres, sino por el solo hecho de ser personas. Al escribir estas líneas se ha celebrado el Día de la Madre, fecha trascedente en nuestro país, pero que también debe servir para reflexionar sobre la importancia del rol de la mujer en nuestra sociedad, no solo como ser humano, que es un fin en sí mismo, sino también por la importancia del rol femenino para romper el círculo de la pobreza.

Por ello, no quiero cerrar esta columna sin saludar, reconocer y felicitar a todas las madres de nuestro país. Las madres dentro de familias tradicionales, las madres que asumieron la tarea solas siendo además padres al mismo tiempo, a aquellas que sin ser madres biológicas asumen el rol con todo el cariño, cuidado y diligencia que las propias, a las madres que por diversas situaciones perdieron a sus hijos, y a aquellas mujeres que añoran serlo. Ciertamente el rol que desempeñan en la sociedad es de vital importancia, por ello pedimos a las diversas autoridades, que involucra al Congreso, tomar una y mil acciones en defensa de la mujer peruana.

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