Foto: ABC

Hace unas horas ha declarado el asesor en Seguridad Nacional de Corea del Sur indicando que el presidente norcoreano Kim Jong-un le extiende una invitación al presidente estadounidense Donald Trump para sostener conversaciones y llegar a un acuerdo sobre la desnuclearización de la Península Coreana. El Presidente Trump ha aceptado la invitación señalando que hacia el mes de mayo se realizarían dichas conversaciones.

Existe un marcado optimismo por parte de Corea del Sur después de las aproximaciones que se realizaron a propósito de las Olimpiadas de Invierno en Pyeongchang (ciudad ubicada en Corea del Sur). Este evento fue utilizado hábilmente por el presidente de Corea del Sur, Moon Jae-in, quien ha jugado un papel vital en la creación de un clima propicio para el acercamiento entre ambas partes. En el marco de los juegos olímpicos, los deportistas de Corea del Norte y del Sur se presentaron por primera vez después de muchas décadas, como una sola delegación. Tanto los participantes al evento como el público en general portaban banderitas que llevaban dibujada toda la Península Coreana unida geográficamente, y éstas eran agitadas al paso de cada delegación de deportistas, como para hacer saber al mundo que ellos desean la unión.

Desde el año 2012 no se había producido ningún acercamiento entre EEUU y Norcorea. En aquella ocasión, durante la gestión del presidente Obama, se alcanzó una moratoria al lanzamiento de cabezas nucleares a cambio de ayuda alimentaria para Corea del Norte. Las imágenes de ese entonces, con niños completamente famélicos, esqueléticos y hambruna en las calles, eran desgarradoras. No obstante, el acuerdo duró poco porque Corea del Norte lanzó un poderoso satélite que podía ser utilizado como misil. La desconfianza se acrecentó desde ese entonces en todos los países de la región del noreste asiático: Corea del Sur, Japón y China, y desde el otro lado del continente: EEUU. Los lanzamientos misilísticos de Norcorea continuaron periódicamente, creando una atmósfera de tensión extrema en la región y en el mundo ante la amenaza de una guerra nuclear. Pero, como decíamos en un artículo anterior sobre la Península Coreana, la “guerra de palabras” que se había producido entre los presidentes Trump y Kim Jong-un, no podía trascender y concretarse en efectivos ataques nucleares, pues no existe hasta ahora la tecnología avanzada para determinar la precisión del ataque, la velocidad de la trayectoria y la capacidad de carga aceptable para que se haga efectivo el ataque–objetivo. Sin embargo, ambos países involucrados en esta crisis pre–bélica han sacado provecho del clima que propiciaron. Norcorea logró que el presidente surcoreano y su pueblo abogaran por la reunificación, lo que ciertamente es mejor que un conflicto armado que haría retroceder los grandes avances alcanzados por Corea del Sur, por un lado, así como tener “en jaque” a Japón, país al cual los coreanos tradicionales tendrían mucho que exigir después de más de 40 años de colonización de la Península, por otro lado. Por su parte, EEUU también se ha beneficiado de este clima de tensión en el Noreste de Asia, particularmente, con la cuantiosa venta de armas a Corea del Sur, Japón, Taiwán y otros países asiáticos que visitó en una sorprendente gira de 12 días de un presidente norteamericano en Asia. Pero a EEUU no sólo le motiva la venta de armas en Asia, sino sobre todo retar y medir fuerzas con China. China es la nación que está ciertamente en la mira de EEUU. No es Norcorea, aunque el pretexto de la desnuclearización pueda ser válido (¿y por qué entonces no aplica las mismas sanciones, bajo el mismo argumento, con otros países “nuclearizados” como India, Pakistán, Irán y, desde luego, Israel?). Simplemente, porque esos países no están compitiendo con la fuerza y velocidad que lo hace China con EEUU, que, por cierto, le está quitando espacios de influencia y dominio económico, comercial, financiero y tecnológico.

En definitiva, si bien, aparentemente, EEUU habría perdido el frente asiático para una guerra que, según todos los analistas, “necesita” para salir de su parálisis, tiene otro frente de gran magnitud y complejidad que es Medio Oriente, específicamente, en Siria; del cual nos ocuparemos más adelante.

 

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@ejhoncon

Consultora para el Alto Comisionado de Refugiados de las Naciones Unidas, Consultora en Responsabilidad Social para la Organización Internacional del Trabajo. Miembro asociada de Amnistía Internacional - Peru Especialista en más de 30 países de Asia, Medio Oriente y América Latina.

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